Érase una vez…

Erase una vez un niño. Era un niño muy feliz, tenía muchos amigos y una familia fantástica.

Sus papás, eran los mejores papás del mundo. Tenía dos hermanos, ¡los cinco lo pasaban fenomenal!

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Él era el mayor de sus hermanos, y por tanto, el que hacía las cosas que más molaban. Sus hermanos pequeños siempre se fijaban en él para todo.

Una de las cosas preferidas para este niño era escribir la carta a los Reyes Magos y debía ser muy convincente porque…¡siempre le hacían caso! Parecía como si le conociesen de toda la vida…

Un día, el niño estaba jugando al escondite con sus hermanos. A su hermana le tocaba buscar y a él y a su hermano esconderse, así que pensó en el mejor escondite de toda la casa, y se metió debajo de la cama de sus padres. ¡En ese sitio nunca le encontraría!

Estaba allí debajo escondido cuando de repente vio unos papeles asomar por debajo del colchón… Con cuidado estiró de ellos y no podía creer lo que vio: ¡Eran sus cartas a los Reyes Magos!

El niño estaba muy enfadado. ¿Qué hacían sus cartas ahí guardadas?

En el colegio, algunos niños le habían dicho que los Reyes Magos eran los padres, pero él no quería creerles. ¿Sería verdad lo que decían sus compañeros?

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Él era un niño muy listo así que decidió averiguar la verdad del caso. Faltaba muy poco para la Navidad. Dejó pasar un par de semanas y le dijo a su madre: “Voy a escribir mi carta para los Reyes Magos”.

Así que escribió su carta y la dejó en el sitio de siempre. Pero no solo dejó eso. Además, y sin que nadie lo viera, cogió una galleta y la puso un poco escondida al lado de la carta.

“Puede ser que mis padres guarden las cartas como recuerdo, porque los Reyes siempre van muy cargados, igual no pueden llevárselas todas. Pero si los Reyes Magos existen,  cogerán la galleta seguro” pensó.

Y llegó la noche del 5 de Enero. El niño decidió esperar toda la noche despierto, pero ese día habían estado en la Cabalgata y estaba tan cansado que en seguida se quedo durmiendo…

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A la mañana siguiente, en cuanto amaneció, se levantó de un salto y fue corriendo al lugar donde había dejado la carta y la galleta. La carta había desaparecido, y en su lugar había muchos regalos para él y sus hermanos, pero la galleta, que estaba bien escondida, seguía allí. Tras eso fue de puntillas a la habitación de sus padres, y allí, debajo del colchón, encontró la carta.

El niño no sabía qué hacer. ¿Debía decirles a sus papás lo que había descubierto ó debía callarse y hacer como que no había pasado nada?.

Pero él era un chico muy valiente así que se decidió. Esa noche, esperó a que se acostarán sus hermanos y fue a hablar con sus papás.

“Qué haces todavía despierto?”, le preguntó su padre.

“Pueeees….que tenía que haceros una pregunta”, contestó, un poco nervioso.

Su padre lo miró sorprendido y le pidió que se sentara con él en el sofá.

“Quiero saber si los Reyes Magos existen”, les dijo.

Sus papás se miraron el uno al otro.

“¿Porqué dices eso cariño?”, le preguntó su madre.

Entonces, el niño les contó toda la historia, lo de las cartas bajo el colchón, lo que le habían dicho en el cole y hasta la ocurrencia de la galleta…

Ambos lo miraban boquiabiertos.

Su padre comenzó a hablar:

“Mira hijo mío, ya es hora de que te cuente una historia. Ya eres un chico mayor por lo que te vamos a contar toda la verdad. Hace muchos, muchos años, a un niño, más ó menos de tu edad, se le cayó un diente la noche de Reyes. Por esta coincidencia los Reyes Magos y el ratoncito Pérez coincidieron en una casa. Los Reyes Magos eran ya muy mayores, porque llevaban miles de años repartiendo juguetes en casa de todos los niños del mundo. El ratoncito Pérez también, sus bigotes se estaban empezando a teñir de blanco y ya no veía los agujeros para colarse en las casas como antes. Los cuatro comenzaron a hablar del paso del tiempo y de la cantidad de casas que debían visitar cada año.

El rey Melchor decía: “Si al menos pudiéramos ir en varios días. Yo ya sufro de dolores de espalda por tener que cargar los juguetes todos a un tiempo”.

“Desde luego”, respondió Gaspar, “Tantas casas, tantos regalos y sólo tenemos seis manos…”.

“Pues lo mío es peor, porque no son tantos regalos a la vez, pero ¡son muchos todos los días!”, les respondió el ratoncito Pérez, “Y la verdad, estoy ya cansado, necesito unas vacaciones”.

Baltasar suspiró. “Si al menos alguien nos ayudará….”

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Mientras comentaban todo esto, no se dieron cuenta de que los estaban escuchando. Eran los papás del niño que al que se le había caído el diente el día de Reyes, que escuchaban silenciosos desde detrás de la puerta. Al escuchar el debate no pudieron evitar interrumpir.

“Ejem, ejem…buenas noches”, dijeron, “Somos los papás del niño al que habéis traído los regalos.”

“No hemos podido evitar escucharos y nos apena mucho que vayáis tan cargados de trabajo. Todos tenemos derecho a disfrutar de una vejez tranquila y poder descansar.

Por eso tenemos una solución a vuestro problema. Necesitáis a alguien que os ayude, y creemos que tenemos a esas personas”.

“Sí, ¿en serio?”, preguntaron los cuatro, “¿Y quien se podría ocupar de esto de la misma forma que lo hacemos nosotros?. Esas personas deberían conocer los gustos de cada niño a la perfección, saber si han sido buenos y si merecen los regalos que se les hacen, conocer sus deseos, sus aficiones,… y además ser capaces de estar en cada casa a la hora exacta de poner los regalos. ¡Es muy difícil encontrar a alguien así!. Solo hay dos personas, además de nosotros que podrían hacerlo, pero son los propios padres…”

Los padres del niño sonrieron….

Los Reyes Magos y el ratoncito Pérez se miraron boquiabiertos.

“¡Pues claro!”, dijeron, “¿Cómo no se nos había ocurrido antes?. Es la solución perfecta. Los padres de cada niño serán nuestros ayudantes y nosotros podremos por fin descansar.”

Y así fue como lo hicieron, durante generaciones y generaciones, los padres de los niños ayudan a los Reyes Magos y al ratoncito Pérez a repartir los regalos, y cuando los niños son mayores, sus papás les cuentan la historia para que puedan entenderlo y ayudarles a su vez. Y esa es la verdad, hijo.”

El niño dudó antes de preguntar: “Y ahora que ya lo se todo y lo entiendo, ¿como podría yo ayudaros?”.

Su mamá, que era muy lista (y muy guapa, todo hay que decirlo), se sentó junto a él y , acariciándole el pelo le dijo: “Ahora más que nunca necesitamos tu ayuda. Tus hermanos son pequeños, y todavía no saben nada. Necesitamos que seas nuestro cómplice y nos ayudes a que no se enteren hasta que sean tan mayores como tú”.

El niño sonrió. Estaba encantado. Era cómplice de un secreto superimportante y ahora podría ayudar a sus papás a prepararlo todo.

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La Navidad siguiente el niño se lo pasó pipa. Fue con su mamá a elegir los regalos de sus hermanos pequeños, y claro, también los suyos. A escondidas ayudó a empaquetar y a poner lazos. Por otro lado, escribió su carta a los Reyes como todos los años, ya que como sabéis, sus hermanos hacían todo lo que él hacía y se lo pasó en grande viendo la ilusión de los más pequeños. Y la noche de los Reyes, sus papás le permitieron quedarse despierto hasta tarde para colocar todos los regalos. ¡Cómo disfrutó a la mañana siguiente cuando vio la cara de sus hermanos al levantarse. Él disimuló y puso la misma cara de sorpresa de todos los años, pero esta vez su padre lo miró y con un gesto de complicidad le guiño un ojo.

Y colorín, colorado….¡el misterio de la galleta se ha  destapado!

Y ahora, seguro que os preguntaréis…Y los Reyes Magos y el ratoncito Pérez, ¿dónde fueron?…

Pues bien, en las noches en las que hay muchas estrellas, y si os fijáis bien bien, hay una estrella que siempre brilla más que las demás. En esa estrella vive mucha gente, y se lo pasan genial observándonos desde arriba… El niño la conoce bien, pues es la estrella en la que está su bisabuelo y siempre la busca y le habla; pues, junto a él, y junto a muchos otros bisabuelos de muchos otros niños, cuatro figuras nos saludan con la mano, tres de ellos llevan capa y corona y al cuarto casi no se le ve porque es muy, muy pequeño, tan pequeño como un ratoncito…

By PerlasyLunares

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24 comentarios en “Érase una vez…

  1. Precioso! Habia escuchado una version similar pero algo mas corta. El mensaje, al fin y al cabo es el mismo, y he de decir que me encanta. Sin duda, la guardo en mi memoria para cuando llegue el momento. Gracias por compartir! Un beso grande y feliz noche de Reyes!!!

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    • Esta es una historia que escribí por encargo de una amiga! La verdad es que no había leído ninguna antes pero imagino que habrá muchas con este mensaje! Me alegro que te guste. Besos fifiles y que te traigan muchas cosas los reyes!!!!!!

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  2. Este cuento me suena ….
    Quedó precioso, recomiendo a todo el mundo que cuando les cuenten a sus hijos este secreto un poco decepcionante, sea de esta forma tan bonita como el libro que le hizo BEA (Marifififi)) a mi hijo Javier.

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  3. ohhh que bonito. me ha encantado. eres única marififi.
    ya se lo contaré a mi peque cuando llegue el momento aunque todavia es pronto.
    ERES GENIAL. sigue así y no cambies

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  4. Qué preciosa historia Marififi, tienes mucha imagimación, ya te lo he dicho muchas veces 🙂
    Me la reservo para cuando Frikito tenga que saber la verdad!

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