La payasa Agapita

Como casi todos los viernes, traemos un post que nos ha mandado una amiga bloguera. Esta vez se trata de la payasa Agapita, y en su entrada nos cuenta algunas anécdotas de la divertida y disparatada vida de un payaso. Podéis ver su web aquí. ¡Gracias por tu colaboración Agapita! Y gracias por hacer del mundo un lugar un poco menos serio 🙂

rednose

Soy Agapita. Vivo en el Caribe y me gusta ser payasa. Es una profesión divertida. Hay que saber ser gracioso, poder divertir a la gente y ser un profesional haciendo el ridículo. No es tarea fácil, pero se puede.

Uno da el máximo en cada fiesta o evento, pero muchas veces nos suceden cosas “fuera de la fiesta” y ponen a prueba nuestros personajes. A continuación algunas de las cosas que nos han pasado.

1. A grabar sin cámara.

Entre mi esposo y yo -perdón, mis amigos payasos, porque estoy escribiendo en personaje-. Pues él y yo hacemos videos para youtube. Comenzamos con videochistes y ahora estamos haciendo videos educativos. La cosa es que en una ocasión quisimos aprovechar que ambos teníamos el día libre para grabar unos cuantos videos. Nos maquillamos, nos vestimos, preparamos el área para grabar, y cuando intentamos encender la videocámara, le sonó un chillido de película de terror. ¡Se acababa de dañar, y nosotros vestidos y alborotados!

Así como estábamos, salimos a comprar una videocámara nueva a pesar de las protestas de Che-Ché. En la tienda (que bastante grande era) estaban los niños emocionadísimos de nuestra visita, y nosotros con la prisa de comprar la cámara y regresar para grabar. Dábamos cinco pasos y saludábamos a un niño, otros pasos más y a saludar a la niña, así poco a poco llegamos a la sección de electrónicos y compramos la cámara. Como dato curioso, era la última que quedaba, y era la que estaba en demostración (la de la caja abierta que todos tocan). De camino a casa, notamos que faltaban cosas en la caja, así que tuvimos que regresar a la tienda. O sea, ¿nos maquillamos y nos vestimos para ir de compras?!?!?

Regresamos a la tienda y devolvimos esa que recién compramos (y saludamos varias familias más). Pero por motivos de inventario, tuvimos que visitar varias tiendas más hasta encontrar una cámara. Era un día en que sólo queríamos grabar en casa, y terminamos paseando por las tiendas.

2. Sin Gasolina

Esta historia está mejor, aunque posiblemente mi mamá diga lo contrario.

Che-Ché y yo salíamos de un evento. Como era lejos de casa, mi mamá y mi hermana fueron con nosotros para pasear de una vez. Saliendo, se encendió la bombilla del combustible. Le sugerí a Che-Ché detenernos a llenar el tanque antes de tomar la autopista. Pero no, él estaba seguro que llegaríamos al otro pueblo para cenar, y de una vez echaba gasolina.

Luego de subir y rodear montañas, llegamos al otro pueblo. Mejor dicho, casi llegamos. No hicimos mas que acercarnos a la salida de la autopista, se nos apagó el auto. En el medio de la calle nos comenzaron a tocar bocina. Che-Ché se bajó a empujar el auto, yo me bajé para cambiarme de asiento y mi mamá y mi hermana se bajaron para no hacer peso. Mientras Che-Ché empujaba el auto, éste prendió y yo no quise detenerme (no fuera a ser que se apagara de nuevo). Che-Ché corrió y alcanzó a montarse, pero mi mamá y hermana se quedaron a pie en medio de la calle.

No se asusten, las rescatamos tan pronto llenamos el tanque. Ellas nos esperaban debajo de un puente con una cara que valía un millón. Luego recreamos ese suceso en el video Rialiti Show: Sin Gasolina

3. No se permiten payasos

En esta ocasión, Che-Ché fue a un cumpleaños en un parque ecológico junto a una represa. Muy lindo el lugar. Al llegar y preguntar dónde era la fiesta de quien nos invitó, el muchacho de seguridad nos impidió el paso porque no se permiten payasos en ese lugar. (?) Imposible, cómo va a ser que la mamá está planificando la fiesta, separa la cabaña (incluso le indican que no se pueden llevar globos porque el plástico puede afectar el ecosistema), ¿pero no admiten payasos? ¿Acaso los colores deslumbran a los peces del río? ¿Había que ir vestido de camuflaje?

Así el papá de la cumpleañera estuvo como media hora al teléfono con la supervisora del lugar, quien se negaba a darnos paso. Estábamos sorprendidos que no pudiéramos pasar; entendía lo de los globos, e incluso, sabía que debíamos estar muy pendientes de no dejar ni siquiera comida en los alrededores. Pero cerrarle el paso al payaso… wao. Luego de mucha insistencia, logramos entrar y Che-Ché pudo estar en el cumpleaños compartiendo con la familia. Otras cosillas menores como no encontrar receptáculos para poner música o que cayera un aguacero y el payaso terminara bailando bajo la lluvia con una capa que le prestó la anfitriona, son ya tonterías, luego de haber esperado que le permitieran la entrada a Che-Ché.

foto

Foto de ese día bajo la lluvia

Estas son solo algunas de las cosas que nos pasan. Puede que un día corra normal, como puede que incluya alguna sorpresa. No dejan de sorprendernos, pero ciertamente son historias para recordar. Espero que se hayan divertido leyendo las cosas que nos han pasado. ¡Hasta luego!

De nuevo, gracias por la invitación a su blog, y espero que se rían con esto. ¡Hasta luego!

Bianca, Payasa Agapita

Canal Youtube

Blog

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7 comentarios en “La payasa Agapita

  1. Me encannnntan los post del viernes, nunca sé qué esperar!
    Muy interesante lo que cuenta Agapita.. es una profesión poco habitual y llena de anécdotas! 🙂

    Me gusta

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