DIY by Marififi: Crea tu Diario de Embarazo

Mis ideas y yo. Ideas tengo muchas, muchísimas, pero tiempo, muy poco. Así que me suele ocurrir que, cuando una idea implica “currar” durante un plazo de tiempo medio-largo, empiezo de con mucha ilusión pero luego me entra la flojera.

Mi ordenador es una cajón de sastre de cosas pendientes a elaborar, la mayoría a medias. Os hablo de cosas como un diario de Instagram para Minififi, de varios cientos de álbumes de fotos que tengo pendientes de maquetar, del libro de las primeras veces que nos contaba Marifriki aquí, etc.

Pero hoy os quiero enseñar, orgullosa de mí misma, algo que sí que terminé y que, de verdad, que merece mucho la pena. Cuando me quedé embarazada, estaba tan ilusionada, que empecé a escribir un diario. Quería dejar reflejado todo lo que estábamos viviendo y perpetuar esos meses de felicidad y alboroto. Escribía en él varias veces por semana y en los momentos más importantes. Y todo ello lo fui acompañando con fotos (sacadas con el móvil y nada dignas de Pinterest, he de decirlo, este punto me lo podía haber currado un poco más).

El 20 de Agosto del año 2012 llegaba al mundo Minififi y ahí acabó mi Diario de Embarazo. Como no quería dejarlo en el ordenador y que, en uno de mis arrebatos de «limpieza digital» lo borrara para siempre, pensé imprimirlo en papel. Y entonces fue cuando se me ocurrió “editarlo” como un libro.

¿Dónde? En una página web de fotoalbumes.

¿Cómo? Maquetando el álbum con mi texto y fotos.

¿Cuánto me costó? Creo que me salió por 11€, usando una superoferta de esas que sacan.

¿Tiempo que invertí? En hacer el diario, 39 semanas, jajaja. En maquetarlo, muy poco. Fui usando las herramientas de texto e imagen y en unas horas lo tenía listo.

He aquí el resultado.

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Si os gustan estas cosas, os recomiendo hacerlo porque es un recuerdo precioso, para vosotros y para vuestros minis, que podrán ver lo que “se cocía” fuera mientras ellos se estaban cociendo dentro.

Por supuesto, cuando mi libro me llegó, me prometí a mi misma hacer uno de cada año de Minififi, contando sus progresos. Y por supuesto, es una de esas cosas que tengo “pendientes”.

¿Os gusta?. ¿Habéis hecho algo parecido?. ¿Tenéis muchas cosas de este tipo pendientes?

Necesito que la semana tenga más días, que el día tenga más horas, o que las horas tengan más minutos… Besicos fifiles

Sabado de recuerdos

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Marifriki, se pensaba que cuando Frikito naciera ella podia seguir haciendo su vida como hasta ese momento… pero en su dia a dia se encargaban de recordarle que eso no pasaria.

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Marififi, Reivindica la cordura con los pediatras, no es posible este desacuerdo que hay entre este sector medico! Menos mal que siempre nos tomamos las cosas con filosofia…

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Marijijijijiji, Nos habla de las ventajas y desventajas que tiene para una madre primeriza google, recordar siempre que google no es un buen metodo para analizar enfermedades…

Jooooooo, yo quierooooooo…

¿No os pasa que veis a una embarazada y os morís de envidia sana?. Últimamente hay mucha embarazada a mi alrededor, veo esas barriguitas y me invade una especie de nostalgia…

Voy a contaros qué cosas echo yo de menos del estado de buena esperanza y qué cosas no…

SÍ echo de menos:

–          La barriga (igual suena a coña, pero nunca me llegó a resultar pesada).

–          La ilusión que produce la incertidumbre (la incertidumbre buena: cómo será, qué será, cuándo será…)

–          El pelo brillante (que se fue para siempre y ni está ni se le espera…)

–          El trato de princesa a la que hay que cuidar y mimar (esto debe ser por la falta de costumbre en mi vida en general)

–          Los preparativos (y las compras, seamos francas)

–          Notar el hipo de mi bebe (y las pataditas del principio, que luego ya los patadones en las costillas duelen).

–          Las ecografías (me hice 19 en total, como para no echarlas de menos..).

–          El estado de felicidad permanente (esto lo sigo teniendo, las cosas como son, solo que un pelín menos hormonado).

NO echo de menos:

–          El cambio de olor corporal (no entro en detalles).

–          Los putos masajes perineales (para que al final me rajaran de cabo a rabo, la próxima, se los hace su padre).

–          Los cambios de humor (esto el que seguro no lo echa de menos es Pocofifi…).

–          El coñazo del O’Sullivan (sí, me tocó la curva larga…)

–          Los llantos sin venir a cuento (madremiaaaaa que seguro que no soy una buena madre, madremiaaaaaa que hoy no lo he notado, madremiaaaaaaa que se me ha caído un tenedor al suelo,…)

–          El miedo a que algo no esté bien (terror más bien).

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¿Qué cosas echáis de menos vosotras?

¿Dónde están mis tetas?

Durante el embarazo, la vida es feliz. Es taaaaaan feliz que da igual que de repente parezcas la vaca Amalia sin que nadie note que estás embarazada, da igual que no te venga la ropa y te apriete tanto que parezca que te están exprimiendo, da igual que tu cara parezca un pan de pueblo…todo eso da igual. Porque estás feliz, muy ocupada comprando y preparando «detodo» y además tienes el pelo maravilloso, misteriosdelavida.

Pero ¡ay amiga!, el embarazo pasa y ¿entonces?. Pues al principio nada, estás demasiado absorta pensando en tu teta, tu chichi y tu bebé. Y así van pasando los meses. Pero llega un momento en el que, casi sin darte cuenta, recuperas las riendas de tu vida y entonces, te das cuenta de que sigues sin caber en la ropa, sigues llevando la ropa del embarazo (benditos leggins) y ahora no hay excusa. Ya no estás embarazada y además la sociedad te reclama, reclama que te vistas, que te arregles y que salgas a comerte el mundo.

– ¿A comerme queeeé? Si precisamente ese es uno de los problemas, que me como todo…

Y aquí viene el verdadero bajón… Porque, como hablaba con mi prima el otro día, no es que no te apetezca arreglarte, es que te da angustia. No te ves bien con nada porque, no nos engañemos, vuelves a ser tu misma pero con unos «pequeños» cambios considerables.

Enumeremos:

pelo

¿Dónde está mi pelo sedoso, brillante, de anuncio de Pantene?. No está… en su lugar ha aparecido una maraña de pelo seco que no me da tiempo a cortar. Total, ¿para qué? Si con el moño “perpetuo” no se nota…

cara

De repente, me salen granos como si hubiera vuelto a los 15. El esplendor de la piel del embarazo ha desaparecido dando paso a, llamémoslo “desesplendor”, por llamarlo de alguna manera. Eso sí, maquillada siempre. P.D: cuidado con las manchas de carmín rojo, no saltan fácilmente de la ropa de bebé…

uñas

Ni recuerdo la última vez que me las pinté…Y para colmo de males, con el estrés, me las vuelvo a morder. Pasemos a otro tema…

tetas

Uno de mis puntos fuertes de todalavida. Ya no están. Se fueron. La gravedad se las llevó…

barriga

Antes llamado abdomen. ¡Qué manera más cruel de evolucionar y desparramarse!. Y eso que no me salieron estrías, que si no, apaga y vámonos.

chichi

Solo os diré la frase que me dijo una amiga antes de que yo lo comprobara por mí misma: “Eso ya nunca se vuelve a quedar como estaba”. Sabias palabras.

culo

No es que antes tuviera un culo de diez, pero, joder, tampoco esperaba un flan en sustitución. ¿Y porqué de repente todo parece como de papel pinocho?. Este comentario es válido también para muslos y demás zonas blandas. De las caderas y su amplitud más allá del océano ni hablamos…

pies

¿Tacones? ¿Con tacones te refieres a esos zapatos que guardo en el fondo del armario con un palo rígido en la suela y que favorecen tanto? Lo siento, es que no tenían a juego con el Bugaboo y con un bebé de 12 kgs…

yo linea

Yo a esto solo le veo tres soluciones posibles:

1.- Pedirle a mi Community Manager que llame a mi Personal Assistant y que me contrate un Personal Trainner para, en los ratos que Minififi esté con las tres niñeras que tengo contratadas, volver a recuperar la figura. Y al terminar tomarme un daikiri en albornoz al borde de mi piscina olímpica de diamantes y zafiros.

2.- Volver a embarazarme y así por lo menos, tener excusa de nuevo (y embarazarme y embarazarme sucesivamente en un blucle sinfín hasta que la menopausia me sirva de pretexto).

3.- Aceptar que fue bonito mientras duró y esperar unos meses (quizá años) a que vuelva a recuperar el ánimo para hacer una dieta y que mi momento relajante del día deje de ser la hora de la cena, con Minififi ya durmiendo, Pocofifi en el sofá, mis maris al whatssap y un super bocata de jamón serrano a mi frente.

¿Qué opináis?

Del sueño a la realidad…

No sé si esta sensación es sólo mía o alguna más de vosotras la tenéis… Cuando todavía tenía a minijijijijiji dentro de mi, me imaginaba una madre totalmente distinta a la madre que soy hoy… Ni mejor ni peor, simplemente distinta, te imaginas tu vida de una manera que no tiene nada que ver con la realidad.

Me imaginaba siendo una madre estricta pero a la vez cariñosa, pero sinceramente, soy débil, lo reconozco, me gana con una sonrisa con una caricia o con una lágrima, yo siempre he sido de las que creía que los niños se ríen de los padres, y hoy creo que no es así, sino que los padres dejamos que los niños se rían de nosotros.

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Así, que del teniente general que me pensaba que iba a ser, se quedo en soldadito y raso, raso jijijijiji

y vosotras, sois la madre que os imaginabais?

Las Autoridades Sanitarias advierten:

tabaco
Si me preguntan cuáles son las tres cosas más difíciles que he hecho en mi vida, creo que contestaría que, probablemente, aprender a aceptarme a mí misma tal cual soy, dejar el tabaco y una tercera que no se me ocurre porque por suerte o por desgracia lo he tenido todo bastante fácil en la vida.
Dejar el tabaco, qué proeza. Porque lo es. Yo ni me lo planteaba en serio. Es decir, llevo toda la vida diciendo: dejaré el tabaco cuando me quede embarazada, pero siempre ha habido una vocecilla en mi interior diciéndome: jejeje, no te lo crees ni tú. No por nada, es que no me consideraba capaz. ¿Cómo lo hice entonces? A día de hoy, todavía no lo sé. De media yo fumaba poco menos de un paquete diario, aunque era una fumadora muy irregular. Había días que no llegaba ni a los 10 cigarros y había días que fumaba paquete y medio. No era de las de levantarse de la cama y cigarro a la boca. Hay quien dice que ese gesto es el que delata a un verdadero dependiente, entonces igual yo no lo era. Eso sí, el cigarro de después de comer para mí era vital.

Supe que estaba embarazada el 9 de diciembre de 2011. Poco después hice algo que casi ningún ser humano había hecho antes y de lo que me siento muy orgullosa: cumplir de verdad un estúpido propósito de año nuevo (ya sabéis que dejar de fumar, ir al gimnasio/ponerse a dieta y aprender inglés/alemán están en el top 3 de casi todas las listas de propósitos). listaLo hice, la última vez que fumé fue el 31 de diciembre por la noche. Me gustaría poder decir que pronto hará dos años sin probar el tabaco, pero tristemente no es así (pero bueno, esa es otra historia). Lo verdaderamente duro empezó el día 2 de enero… cuando me dí cuenta de que no iba a volver a ver ese cigarrito de después de comer. Ni ese del café con los amigos. Ni ese de encender el ordenador y sentarme a tontear en el Facebook y en el Twitter. Os garantizo que muy probablemente, sin la ayuda de mi gente no lo habría conseguido

Ahora viene la parte “polémica”. Ese tocólogo, esa enfermera, ese “llámalo x” que te dice: Es mejor que te fumes unos cigarritos al día a que pases la ansiedad de dejar el tabaco. Eso también es un tópico del embarazo. Yo pasé esa ansiedad. Y aquí estoy, y aquí está mi niño estupendamente y sin secuelas de mi ansiedad por dejar el tabaco, que os aseguro que la pasé, y mucha. A las que no lo dejan porque no pueden las entiendo, porque yo misma continué sin fumar ya un poco llevada por la inercia y por no decepcionar a los que estaban a mi alrededor, porque a veces perdía el norte. A las que no lo dejan porque no quieren, las respeto, porque es una decisión personal y nadie debe meterse. No tengo por costumbre opinar sobre lo que hacen los demás (o al menos expresarlo). A las que lo consiguen, mi más sincera enhorabuena. Habéis hecho algo importante, que nadie os haga creer lo contrario. Ya no por vuestro bebé, si no por vosotras mismas. Porque sí, está muy bien eso de “es que a mí me gusta fumar”. Tócatelos, a mí también. Me gusta el encanto de una conversación interesante envuelta en volutas de humo. Me gusta la sensación del humo atravesando mi garganta. Me gusta el olor del cigarro antes de encenderlo. Me gusta incluso sentir cómo se chafa la colilla bajo mis dedos al apagarlo. Lo estoy escribiendo y me estoy muriendo por fumarme un cigarro. Pero luego pienso en todo lo negativo, que es mucho, y se me pasa un poco.

Ahora me enfrento a combatir una recaída. Estoy tonteando peligrosamente con cigarritos esporádicos. Reconozco que me hacen inmensamente feliz, se me nota en la cara. El hecho de que mi hijo esté fuera y no dentro de mí, me hace mucho más inconsciente… Ya sabéis, cuidar de nosotros mismos como que no es tan prioritario. Pero he decidido que voy a luchar contra ello. Lo hice una vez y lo puedo hacer otra. Porque yo sí que quiero dejar el tabaco.

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P.D.: Frikencio me ha llegado a amenazar con colgarle a Frikito un cartel que diga: No fumes mamá, te necesito. Para que veáis cómo se las gasta Frikencio.

P.D2.: Ya se me ha ocurrido la tercera cosa. Pasarme el Guitar Hero.

Treinta positivos

Allá por noviembre de 2011, treinta tests de embarazo desperdigados por toda España, devolvieron un resultado positivo. En realidad fueron muchísimos más, pero hoy nos vamos a centrar en esos treinta. Cada uno trajo consigo una gran sonrisa, y probablemente alguna lágrima de alegría. Algunos de esos positivos eran muy deseados y esperados, otros llegaron por sorpresa. Esas 30 chicas, cada una de su padre y de su madre, reaccionó de manera distinta: unas contaron enseguida a todo el mundo que iban a ser mamás en agosto, otras prefirieron callarlo de momento, unas saltaron emocionadas, otras se quedaron en silencio intentando asimilarlo… Solo hay una cosa que las treinta hicieron exactamente igual: un día, decidieron compartir su experiencia con desconocidas a través de un foro, movidas por distintas razones: resolver dudas, desahogarse de sus miedos (eran en un 99% primerizas), hablar del tema a sus anchas para no ser pesadas con la gente de su entorno, etc. Cada una de las treinta tenía un nick, detrás de cada nick había una historia.

No mucho después “se mudaron” a un grupo privado en Facebook, y esos nicks se convirtieron en nombres, y esos avatares en caras. En ese grupo se compartían muchas cosas: alegrías, dolores, miedos, ecografías, barrigas crecientes (pantalones menguantes), risas, consejos y un largo etcétera. Todas vieron crecer a los renacuajos de todas, día a día, ecografía a ecografía. Todas asistieron a los momentos clave del embarazo de todas: la primera ecografía, cuando supieron el sexo de su bebé, la elección del nombre, la 4d, las primeras compras. Día a día, compañeras en el viaje más emocionante de la vida. Por desgracia, algunas se quedaron en tierra. Unas casi al principio del viaje, otras hacia la mitad. Fueron despedidas muy amargas. Comprendieron entonces cuánto se puede sentir y entender el dolor ajeno.

Poco antes de llegar al final del trayecto, gran parte de ellas (veinte) volvió a mudarse, esta vez a un grupo de Whatsapp. Aquello forjó un verdadero vínculo: si antes compartían cosas, ahora compartían el doble. Y la fiesta comenzó: El 23 de julio llegó el primer parto. Todas lo siguieron minuto a minuto y fue muy emocionante. Cada una lo vivió como si fuese ella misma, sabiendo que no mucho después le tocaría pasar por lo mismo. Una a una, empezando el 23 de julio y terminando el 2 de septiembre, parieron todas, siempre ante la atenta mirada del resto. Se podría suponer que a partir de que los bebés llegaran, muchos lazos se romperían, principalmente por falta de tiempo, pero no. El grupo continuó, más unido que nunca. Gracias a la tomas nocturnas y a los desvelos, siempre había alguien para escuchar, para aconsejar, o simplemente para hablar. Hoy, casi dos años después, ahí siguen. Muchas se han conocido en persona, desplazándose kilómetros y kilómetros solo para verse. Y todas siguen participando en el grupo. Cada una a su ritmo y en la medida de sus posibilidades, pero siempre teniendo presentes a esas mamás con las que tanto han compartido, y con las que saben que van a seguir compartiendo. Porque cuando un grupo es tan grande, se manifiestan afinidades y algunas relaciones son más estrechas, inevitablemente, pero lo que está claro es que es imposible olvidar y no querer a las que han sido tus compañeras en el viaje más importante de tu vida: el de ser mamá.

Esto que habéis leído, es la historia de cómo nos conocimos las Maris. Somos 4 de esos 30 positivos. Ese grupo del que hablamos se llama “Agostito”. Ese bebé que nació el 23 de julio de 2012 es Minijijiji. Y esto se lo queremos dedicar a ellas, porque son las mejores.
Este post es una experiencia, pero también un consejo: Si nos estás leyendo y estás embarazada, busca un grupo de mamis del mismo tiempo que tú con las que compartirlo. No te arrepentirás.

Para vosotras agostitas: gracias por ser así. Sois fantásticas.

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