Los pequeños fragmentos de mi alma: mi Madre

Mi madre es mi conciencia y mi abrigo. Nos parecemos mucho. Tanto que la mayoría de las veces no estamos de acuerdo. Pero, al igual que de mí misma, eso es algo que valoro tanto de ella… Su defensa de lo que cree, su firme convicción de las cosas, su inteligencia. Y su elegancia, elegancia por dentro y por fuera, elegancia en el pensar y en el hacer, elegancia que hace que mi padre, cuarenta años después, siga tan enamorado de ella cómo el primer día.

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Mi hermana, mi madre y yo. Fotografía de Clara Lozano.

Quiero dedicar esta entrada a mi madre, por su fuerza, por su valentía y por su manera de afrontar las piedras del camino. Te quiero mamá.

Luchando juntos

Esta semana tenemos una estrella invitada que es muy especial para una de las maris. Una mujer que, gracias a la cobardía de un hombre, decidió ser madre soltera. Desde entonces, lleva once años luchando por sacar adelante al hombre de su vida, su hijo.

Su historia es larga, pero le hemos pedido que la resuma para vosotras. Quizá sirva de ayuda a mujeres que, por decisión o por obligación, se ven solas con sus hijos. Les hará ver que no se arrepentirán de la decisión tomada.

Gracias Victoria por este post y enhorabuena, el mundo debería de estar lleno de valientes como tú.

Como otras tantas mujeres, me enamoré del hombre equivocado. Al quedarme embarazada me dijo que escogiese entre nuestro amor y el bebé, que ya no se sentía preparado para ser padre, después de ser él quien me pidió tenerlo.

Mi respuesta fue rotunda, mi hijo. Yo decidí tenerlo sola sin tener que reclamarle nada jamas.
Mi embarazo fue muy duro, al tercer mes tuve una amenaza de aborto y así sucesivamente hasta un total de 6 en todo el embarazo, como consecuencia, mis entonces jefes me amenazaron con despedirme si cogía la baja, me dijeron que no pasaba nada si me desmayaba en el trabajo que ellos me cogerían. Cogí la baja y dejaron de pagármela, por lo cual me tuve que meter con abogados, me llevó meses que me pagasen lo que era mío, gracias a que tenia algunos ahorros pude ir tirando.

El niño nació casi un mes antes de tiempo, pero por suerte estaba perfecto, yo volví a buscar trabajo y encontré uno al lado casi de mi casa. Al niño, al tener solo cuatro meses, le busqué una buena guardería privada, pero mi felicidad duró poco, ya que cuando solo tenia seis meses en esa guardería le contagiaron unas fiebres africanas unos niños recién llegados de otro país. Eso casi le cuesta la vida, estuvo un mes ingresado en el hospital con baños de hielo para bajar la fiebre de 41 grados constante que tenía, yo me moría de la angustia al no saber si tendría secuelas en la cabeza. Al final se recuperó bien.

Tuve muchos problemas económicos, me dejaron en la calle con mi hijo, una asistenta social me consiguió una habitación en una pensión, allí estuvimos mas de 8 meses hasta que conseguí ahorrar lo suficiente.
Me mudé de ciudad por un buen trabajo, que resultó ser un engaño, y volví a cambiar a los pocos meses. Mi hijo iba creciendo de un lado a otro en busca de una vida mejor, al cumplir casi los 3 añitos me preocupé al ver que casi no hablaba y que no paraba quieto un segundo, pero los médicos solo sabían decirme que no me preocupase que era madre primeriza y lo exageraba.

Pasó el tiempo y por la ignorancia de una doctora ingresó muy enfermo con una bronquitis después de haber acudido repetidamente a que lo viesen.
Con tan solo 8 añitos, estando en casa cayó de espaldas y se golpeó la cabeza contra un escalón, lo cual lo tuvo ingresado varios días y al poco tiempo de eso jugando en el parque un niño lo empujó de lo alto del tobogán y cayó de cabeza contra el suelo dejándolo inconsciente y volviendo al hospital unos pocos días mas….

Al final, mi hijo hoy día con casi 12 años ha estado en ocho colegios diferentes, dejando amigos detrás cada vez que nos movíamos y ahora, por fin, un psicólogo ve que mi hijo tiene déficit de atención con una variante de hiperactividad. Los días con él son muy duros porque no esta quieto un segundo y vive en un mundo que solo existe en su cabeza,inventando historias que solo él cree que ocurren.  Ahora estamos a la espera de un tratamiento, pero seguimos luchando juntos por seguir adelante.

Esto y mucho más ha sido lo que yo he sufrido por mi hijo, pero jamas cambiaría este sufrimiento si no lo tuviese a él.
Yo no sé vivir sin él igual que él no puede estar sin su mami.

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La fuerza del corazón

Las cuatro maris hemos coincidido por una vez en la vida en algo. Al recibir este post, nos hemos emocionado y mucho. Es un post escrito por una madre , por una luchadora, por una valiente. Le has prometido ser feliz y sabemos que lo será. Queremos agradecerte de corazón esta historia y que nos permitas compartirla.

Os presentamos a nuestras estrellas invitadas de hoy, Belén y Lucía. Miles de maribesos para las dos. Y no dejéis de visitar su blog La habitación de Lucía.

¡Hola niña! ¿Juegas conmigo?– Decía una voz muy dulce cuando entrábamos al parque. Lucía la miró, le sonrió pero no dijo nada…

Entonces, como siempre en estos casos, me agaché y le dije: –Lucía, esta niña quiere jugar

Me miraba y con sus ojos me decía: Mamá, no te entiendo y volví a repetirlo con menos palabras Lucía niña jugar Ella miró a la niña, sonrió y siguió sin decir nada, pero se puso a su lado esperando la siguiente orden.

En ese momento Marcos, mi pequeño, me pidió agua y mientras la buscaba en la mochila, Lucía se fue correteando al tobogán. ¿Cómo se llama? Preguntó la niña de pelo rizado con sus ojos verdes claros muy abiertos, esperando impaciente la respuesta.

Se llama Lucía, le dije yo –Y tú ¿cómo te llamas?.

Me llamo Julia dijo ella sonriendo y tengo 6 años. ¿Lucía no habla? preguntó con mucho interés.

–No– dije yo –está aprendiendo–. Me miró sorprendida y me dijo: –¿Cómo va a estar aprendiendo si es mayor?.

Me quedé mirándola sin saber bien qué decir, cómo explicarle a una niña de seis años qué es el autismo… A una persona mayor le hubiese dicho: «tiene autismo, un trastorno general del desarrollo que afecta principalmente a la comunicación, socialización, imaginación…»

Mientras yo pensaba cómo decirlo, se volvió a oír la voz de Julia: –Entonces, ¿por qué no habla?.

–Pronto lo hará– le dije yo –Le tenemos que enseñar.

Por mi cabeza pasaban miles de cosas, «esta niña tiene la misma edad que Lucía. Lucia podría hablar como ella» Miles de cosas que aunque intentes evitar, no todos los días consigues.

–¿Pero, puede jugar conmigo?– Insistía Julia. –Pues claro que sí, ya verás– le dije yo con mucho entusiasmo.

–Lucía es como nosotros, le gusta jugar, divertirse, reír, querer y que la quieran… Sólo que algunas cosas hay que enseñárselas.

–¡Ahhh!– dijo Julia aliviada –¡pues entonces yo se las enseño!– y se fue corriendo con ella. La cogió de la mano mientras imitando como yo le había hablado a Lucía, le decía cosas y más cosas…

Mientras yo las miraba desde lejos contenta y emocionada, Julia hizo muy buenas migas con Lucía, se pasaron la tarde juntas de la mano, reían, se subían al tobogán, al columpio… Una de las veces que se acercaron al banco donde yo estaba, Julia con ganas de saber más todavía me preguntó –¿Y cómo se llama la enfermedad de Lucía?.

–Se llama autismo, Julia, pero no es una enfermedad. ¿Has visto cómo ella juega contigo? Y seguro que pronto puede hablar y contarte cosas… A veces piensa diferente a nosotros pero, si la ayudamos, ella puede hacer lo mismo que nosotros.

Julia la miró y buscándole algo físico y me dijo: –Pues yo no le veo nada.

Entonces se oyó la voz de su mamá: –Julia, nos vamos a casa.

Ella nos miró triste y nos dijo: –No te preocupes, Lucía, yo vendré todas las tardes y te enseñaré cosas hasta que aprendas, ¿a que sí Lucía?– dirigiéndose a ella.

Lucía, sin soltarle la mano y con una sonrisa de oreja a oreja la miró y dijo muy suavecito: –Adiós, Julia.

Julia se fue contenta y diciendo: –Mamá, mamá, Lucía tiene autismo y todavía no habla, pero todos los días tenemos que venir a enseñarle cosas…¿vale?. La mamá de Julia me miró y le dijo: –Pues claro.

Julia me dio una lección esa tarde, me enseñó que no hace falta saber de autismo o cualquier discapacidad, me enseñó que con querer basta, que es más importante la fuerza del corazón.
El corazón es el que mueve montañas y si de verdad quieres algo, déjate guiar por él.

Belén, mamá de Lucía, una preciosa niña con autismo.

La fuerza del corazon

Como ya hemos dicho antes, esta historia nos ha gustado especialmente. Si tuviésemos que destacar algo, serían esas palabras que dice Belén a Julia cuando le explica qué le pasa a Lucía. Son positivas y muy ciertas:

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