Estamos en guerra

Y no es una frase hecha, estamos en guerra de verdad. No en una, en muchas, en todas y por todo.

Guerras de opinión que cada vez se radicalizan más, que cada vez generan más violencia.

Guerra de religion, y no solo en los paises arabes, también en la frutería de debajo de tu casa.

Guerra de género, hombre contra mujer, que genera violaciones, vejaciones, asesinatos.

Guerra de ideas políticas, que dejan de ser ideas cuando quedan a apalearse en un parque.

Guerra de inclinaciones sexuales, como si nos importara mucho lo que cada uno hace con su vida y debajo de sus sabanas.

Guerra de razas, sin darnos cuenta de que llevamos miles de años matándonos por algo tan absurdo como un color de piel.

Guerra de opiniones, como en la crianza, que acaba con discusiones sinfin y una descabellada violencia verbal que nuestros hijos maman.

Guerra de territorios, de banderas, que, sin información por ninguna de las partes, fomentan el odio entre gente que no se ha visto en la vida.

Guerra de poder, de supremacia, que empieza en los colegios y hace que un menor acabe quitándose la vida cuando la acaba de empezar.

Guerra de radicalismos, que nos llevan a ser capaces de odiar y ningunear a las personas que un día pueden salvarte la vida.

Guerra de hipocresía, en la que lloramos por un niño que sangra en la tv, mientras rezamos porque sus padres no vengan a «invadirnos».

Guerra por todo, por absolutamente todo.

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No se a vosotros, pero a mí me acojona , y mucho. Y no tanto por mí como por el futuro que le espera a mi hija.

Tengo la sensación de que la vamos a liar, y entonces, ya dará igual la educación que les demos, a qué partido voten, con quién se acuesten, de que color sean.

Como se líe, nos vamos a tragar una a una todas las opiniones y radicalidades, y ya no habrá vuelta atrás.

Espero equivocarme…

Una imagen vale más que mil palabras

A nadie nos gusta ver fotos de niños refugiados muertos en una playa, a nadie. Pero hay una cosa muy clara: solo nos preocupa lo que vemos. Solo prestamos atención a lo que vemos. Sólo nos hace pensar lo que vemos.

Es una realidad demostrada. Las ayudas masivas en desastres naturales llegan mientras los medios nos muestran lo sucedido y sus consecuencias. Acaban cuando dejamos de verlo en el telediario. Las protestas enérgicas se producen cuando la televisión nos muestra a la anciana de 90 años que va a ser desahuciada. Si no la muestran, no hay protesta, o al menos no multitudinarias. El mundo, comprendió el horror que se sufrió en la Alemania nazi cuando salieron las imágenes de los campos de concentración. Hasta entonces, nadie sabía lo que estaba pasando. Si una ONG hace una campaña mostrando niños en los huesos o muriendo por no tener vacunas, las donaciones se disparan. Si no, ni nos acordamos.

No, no me gusta ver imágenes de niños muertos en una playa, ni de bebés famélicos comiendo huesos del suelo, ni de pequeños de dos años trabajando en los vertederos. No me gusta. Pero prefiero que me lo muestren, porque así, la próxima vez que vaya a una urna a votar, quizá esas imágenes me ayuden a decidirme.

Y pasar vergüenza, porque lo estamos permitiendo; y pena, porque este mundo lo hemos convertido en una aberración; y angustia, porque así entenderemos un poco a las madres de esos pequeños; y rabia, porque así podremos luchar para que esto cambie de una vez.

Entiendo que a la gente le parezcan un horror estas imágenes, lo son. Entiendo que las comparticiones en las redes sociales nos parezcan excesivas. Entiendo que cerremos los ojos cuando el telediario nos muestra esta masacre. Pero creo que hay que verlo.

Hay que verlo, porque si no lo vemos, lo único que queda es esto…

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Y esto no nos enseña nada, solo nos engaña para dormir más tranquilos.