Estamos en guerra

Y no es una frase hecha, estamos en guerra de verdad. No en una, en muchas, en todas y por todo.

Guerras de opinión que cada vez se radicalizan más, que cada vez generan más violencia.

Guerra de religion, y no solo en los paises arabes, también en la frutería de debajo de tu casa.

Guerra de género, hombre contra mujer, que genera violaciones, vejaciones, asesinatos.

Guerra de ideas políticas, que dejan de ser ideas cuando quedan a apalearse en un parque.

Guerra de inclinaciones sexuales, como si nos importara mucho lo que cada uno hace con su vida y debajo de sus sabanas.

Guerra de razas, sin darnos cuenta de que llevamos miles de años matándonos por algo tan absurdo como un color de piel.

Guerra de opiniones, como en la crianza, que acaba con discusiones sinfin y una descabellada violencia verbal que nuestros hijos maman.

Guerra de territorios, de banderas, que, sin información por ninguna de las partes, fomentan el odio entre gente que no se ha visto en la vida.

Guerra de poder, de supremacia, que empieza en los colegios y hace que un menor acabe quitándose la vida cuando la acaba de empezar.

Guerra de radicalismos, que nos llevan a ser capaces de odiar y ningunear a las personas que un día pueden salvarte la vida.

Guerra de hipocresía, en la que lloramos por un niño que sangra en la tv, mientras rezamos porque sus padres no vengan a «invadirnos».

Guerra por todo, por absolutamente todo.

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No se a vosotros, pero a mí me acojona , y mucho. Y no tanto por mí como por el futuro que le espera a mi hija.

Tengo la sensación de que la vamos a liar, y entonces, ya dará igual la educación que les demos, a qué partido voten, con quién se acuesten, de que color sean.

Como se líe, nos vamos a tragar una a una todas las opiniones y radicalidades, y ya no habrá vuelta atrás.

Espero equivocarme…

La oscuridad: ¿realidad o ficción?

Entre todas las sensaciones del mundo, el miedo es la peor para mí. El miedo es irracional y no hay manera de controlarlo. Yo nunca he sido miedosa pero sí que es cierto que cuando he sentido miedo, es algo horrible.

Hace unos meses os hablé de los miedos de Minififi. Algunos se han ido y han llegado otro nuevos. Ya no tenemos miedo al secador del pelo, por ejemplo. Bien. Ya no cogeremos una pulmonía. Ha llegado el miedo a entrar en el ascensor sola por un episodio bastante desagradable que experimentó la pobre el otro día (se quedó dentro y se bajó sola al bajo). Mal, pero pasará.

Pero sigue teniendo miedo a la oscuridad, y mucho. Le da miedo andar por el pasillo a oscuras, ir a su habitación con la luz apagada o que la luz del rellano de mi piso se apague de repente. Hasta cuando la tele o el móvil se quedan en negro, se tapa los ojos corriendo. Desde un tiempo a esta parte se despierta a media noche y me llama aterrorizada porque no quiere quedarse en su cama. He probado con luces quitamiedos, y nada. Además, usa las palabras mágicas: “Mamá, ven, tengo miedo”. Y claro, yo, antes eso, salto de mi cama como un resorte y acudo corriendo a su rescate. ¿Cuál es el rescate?. La cojo en brazos y me la llevo a mi cama (porque mi cama es un lugar mágico donde la oscuridad, por lo visto, no existe.

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En estas estamos. Y ahora viene el problema. ¿Cómo saber cuándo es cuento y cuándo realidad?. Porque me resulta muy difícil dejarla por la noche en su cama, pensando que pueda estar pasando, aunque solo sea, un minuto de miedo. Como os he dicho, creo que es la peor sensación que hay y no quiero que mi hija la sufra más de lo inevitable.

Solo espero que esta etapa pase, y Minififi vuelva a dormir su noche del tirón, como lleva haciendo desde que tenía una semana. O quizá no pase y tenga que comprar una cama de dos metros para que, cuando vuelva de fiesta, se quite los tacones y se meta en nuestra cama con olor a bodega.

Por eso necesito vuestro consejo. ¿Qué hago ante esto?. ¿Sigo acudiendo al rescate o hago un poco de oídos sordos para que vaya perdiendo esa fobia a dormir a oscuras?.

¿Quién dijo miedo?

Minififi no es una niña miedosa. Hay pocas cosas que la asusten, imagino que como a cualquier pequeño terremoto de dos años. A Pocofifi y a mí no nos gusta amenazarla con cosas tipo “el hombre del saco”, procuramos ser más realistas: “No cruces la calle porque te puede pillar un coche”. Tampoco nos gusta usar la palabra miedo y no nombramos ese tema para evitar que se venga arriba y lo use a su antojo (cosa bastante probable).

Pero si que, inevitablemente, hay cosas que le dan miedo.

*** Miedo a la oscuridad ***

Es desde hace muy poco, antes no pasaba. Siempre le ha dado lo mismo dormir en completa oscuridad o ir por el pasillo a oscuras a recoger algún juguete. Pero desde hace unas semanas no soporta nada que implique falta de luz. Por la noche se despierta y como no ve luz me llama de inmediato. No llora aterrada pero yo sé que no le hace ni pizca de gracia. Hemos probado con las lamparitas quitamiedos, pero ni con eso.

*** Miedo a la soledad ***

Minififi es un animal social. Necesita gente a su alrededor. Ella puede estar en el salón jugando y no hacerte ni puñetero caso, pero necesita que alguien esté allí. Con los muchachos del mono aguanta un ratito pero en cuanto se da cuenta de que no hay nadie, va rauda y veloz a buscar compañía.

*** Miedo al secador del pelo ***

No puede ni verlo. Es escucharlo y llora aterrada. No se qué imagina exactamente que es pero por más que se lo explicamos, nada, lo odia. Así que toca secarle el pelo con la toalla y cruzar los dedos para que este invierno no coja una pulmonía.

*** Miedo a que la pongan boca abajo ***

Le aterra. Alguna vez ha pasado, que alguien la ha puesto boca abajo jugando y se queda en shock completamente. Es raro teniendo en cuanta que se encarama a cualquier parte y que el encanta que la cojan y le hagan volar, pero lo de estar boca abajo, no puede soportarlo.

Me temo que algunos más vienen de camino, por como mira el agua azul del WC por unas pastillas que Pocofifi ha puesto o por la cara que pone cuando el agua se va por el desagüe de la bañera.

 

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Sé que es inevitable, pero me da muchísima pena que los miedos empiecen a formar parte de su vida porque no hay peor sensación en el mundo que la de estar asustado.

Necesito vuestro consejo. ¿Cómo actuáis con este tema? ¿Habláis con ellos y los exponéis a sus miedos directamente a modo de terapia de choque o directamente evitáis las cosas que les producen miedo?