De obsesiones infantiles y figuras geométricas

A los niños, cuando les da por algo pueden llegar a ser más pesados que Bernardito agotadores, ya lo sabéis, esto no es nada nuevo. Frikito ha tenido ciertas obsesiones a lo largo de su corta vida, algunas de las cuales ya he comentado por aquí, como todo aquello relacionado con el epasio eterióh (las estrellas, los planetas, la tierra, la luna, los cohetes, los astronautas, etc). Por si no lo visteis, os dejo un enlace al post con el dibujete que hice para su cumple del año pasado y en el que basé la decoración de la fiesta.

Si hay algo que le haya atraído incluso más que eso, es sin duda, las figuras geométricas. Sí, sí, como lo leéis. Desde muy pequeñito se quedaba fascinado con una pieza en la mano y diciendo “tritááángulo” mientras le daba vueltas. Sí, TRITÁNGULO. Siempre me ha llamado mucho la atención este interés tan poco común por las formas. Recuerdo que cuando tenía unos 21-22 meses le ponía un plato delante, le preguntaba qué era eso y él en lugar de decirme que era un plato me decía que era un kíkulo, es decir, a veces parecía que veía formas en lugar de conceptos. Su juego preferido conmigo desde siempre, es pedirme que haga formas sencillas con las manos para luego imitarme: Mamá, ¿hasemo un bombo?, entonces yo hago un rombo con los dedos y luego lo hace él. Un triángulo, un cuadrado, un rectángulo, un corazón… Como no le pare podemos estar horas con lo mismo. La verdad es que no hemos hecho nada en especial para fomentar este amor sin medida, es algo que ha surgido de forma espontánea. Supongo que igual que hay niños que se interesan por otras cosas, al mío le ha dado por esto. Sospecho que el equipo Umizoomi ha podido tener algo que ver, y es que en esa serie se pasan todo el rato hablando de formas, series de colores, y cosas de matemáticas a un nivel muy básico, así como para que lo entienda un niño pequeñito o un ministro español, más o menos. Recuerdo que con dos años identificaba hasta un pentágono (tángono en su idioma). No había manera de que dijese una frase de más de dos palabras, pero lo del tángono lo tenía clarinete.

geometria

Desde hace ya unos cuantos meses, el interés por las figuras sigue on fire, pero ahora le echa imaginación al asunto. Un triángulo ya no es un tritángulo, es un tejado, una flecha, el sombrero de un gnomo. Un rectángulo puede ser un rascacielos, un teléfono, un cohete, o si lo inclinas un tobogán. Un cuadrado girado 45º es una cometa y un círculo es la tierra o una pompa de jabón. Es decir, prefiere jugar con un rectángulo en el que ve un cohete que con un cohete de verdad, y eso me rechifla. Me encanta observarle coger figuras y escuchar lo que inventa, porque detrás de cada palabra hay una pequeña historia.

nuevavision

Imagino que por un momento me presta sus ojos y yo también tengo la capacidad de ver todas esas historias detrás de un simple triángulo, que si me pongo la tengo, pero no tan a flor de piel (igual me sobran 30 años). Tendrían que inventar unas gafas con filtro de visión de 3 años, el mundo sería un lugar mucho más divertido. Pero mientras que las inventan (a ver si se dan prisa, que a algunos les hace mucha falta), igual deberíamos intentar mantener esa forma de ver el mundo, porque eso también se entrena.

Obsesión con el pelo

Todos los niños tienen sus manías y sus obsesiones. A algunos niños les da por un muñeco en concreto, a otros por chuparse el dedo, otros parece que su vida dependa del chupete. Frikito siente una profunda obsesión por mi pelo. Le gusta tocar cabellos en general, pero muy especialmente el mío. Ya le pasaba de muy pequeño. Recuerdo que desde casi el principio de la lactancia (cuando comenzó a desarrollar la habilidad de agarrar cosas) su postura preferida era de lado y con la manita que le quedaba fuera, agarrándome un mechón de pelo. Así se quedaba durmiendo siempre.
Reconozco que alguna vez me he preocupado ligeramente, porque lo veo una conducta un tanto extraña, pero todo el mundo me dice que no piense en eso, que seguro que es algo pasajero.

hair

La historia es que esta manía no parece atenuarse con el tiempo, si no todo lo contrario. Cada vez que le cojo en brazos, lo primero que hace es agarrar un mechón y tocar la puntas con su dedito muy despacio mientras las mira muy serio y con cara de reconcentrado (hasta bizco se pone), como diciendo, mamá, ya va tocando un repasito. Que razón no le falta a la criatura. Otras veces me coge el flequillo a manojitos, o agarra mechones de atrás y me los va poniendo delante de la cara para luego ir quitándolos otra vez uno a uno y hacer como que se sorprende al ver que soy yo la que está detrás. Se inventa mil juegos relacionados con el pelo y se puede pasar así las horas. Cuando lo subo en brazos las cuatro plantas de escaleras hasta mi casa, él va tan tranquilo agarrado a mis pelillos de la nuca, como el que va agarrado a la barra del bus. Si le quito el pelo de las manos me monta un pollo. Yo no he vuelto a saber lo que es ir peinada, señoras. Cualquier día me dan un euro por la calle.

Lo noto en su mirada cuando ve llegar… aquí vienen mis pelitos, y como siempre, debajo está mi madre.
pelo

En fin, sé que no deja de ser una tontería anecdótica, pero os lo cuento porque quiero empezar a quitarle la manía poco a poco y me gustaría que me dieseis ideas y que me contaseis si a alguno le pasa lo mismo, porque yo lo hablo con gente y sí, muchos niños son un poco “tirapelogafas” pero lo de este… noooo, no es amoooor, lo que tú sientes se llama obsesióooon…

¿Creéis que tengo a un pequeño Llongueras en casa? ¿Se le pasará? ¿Tengo que ir pensándome lo de pelarme a rape?