If you are not able to understand this, you have a serious problem.

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Otro punto de vista del Bullying

bullying

Sinceramente, no sé que me puede llegar a dar más miedo: no transmitirle a mi hija toda la seguridad que necesita para poder sobrevivir en su «pequeña jungla» o darle demasiada seguridad que se se crea la reina de las tiranas.

Cuando pensamos en Bullying, siempre pensamos en la victima y en la familia de esta (con esto no quiero decir ni mucho menos que no tengan todo mi apoyo). Simplemente,me gustaría explicaros que hoy quiero enfocar el problema desde el otro punto de vista.

Sinceramente, lo primero que se me viene a la cabeza es un menor pasándolo realmente mal. Por otra parte, me vienen a la mente unos padres que se tienen que sentir verdaderamente fracasados como padres.  Me gustaría aclarar que el ofrecer una perspectiva diferente no implica un apoyo hacia el acosador, sino más bien poder ponerme en la piel de unos padres que seguramente lo han hecho y hacen lo mejor que saben y pueden. 

El hecho de que un niño/a salga acosador o no, puede depender de tantos factores, desde haberle proporcionado tanta seguridad en si mismo que se convierte en un tirano, a tener tanta disciplina que utiliza la agresividad como una vía de escape, a no tener ningún tipo de norma con lo que ello conlleva…

Me pongo en la piel de esos padres cuyos hijos son unos tiranos con sus propios compañeros y me dan pena. Si, el niño es un tirano, la persona más odiosa que te puedas imaginar, pero,  ¿qué culpa tienen los padres? Ahora mismo se siente los padres más criticados y los padres más cuestionados…

¿Hasta que punto somos culpables de los actos de nuestros hijos?

Es muy difícil ponerse en la piel de la victima y de sus familiares, pero hoy me gustaría pensar en la otra cara (que no en el acosador), no siempre el acosador tiene una familia desestructurada. No siempre detrás de este problema la culpa es de unos padres dejados, no siempre la culpa es de los padres. Hay padres que intentamos/intentan educar de la mejor forma a los hijos (apuesto que la mayoría de los que estáis leyendo esto), pero no todos lo logramos.

Por esto hoy me gustaría decir a todos esos padres que creen que han fracasado o están fracasando:  

NO OS CULPÉIS, HABÉIS HECHO LO QUE CONSIDERABAIS LO MÁS CORRECTO Y LO MEJOR PARA VUESTROS HIJOS.  ¡VOLVED A COGER LAS RIENDAS!. 

Puede que se haya perdido una batalla, pero no la guerra, y la vida esta llena de batallas…

Y vosotros, ¿que harías en el caso de que vuestro hijo fuera el acosador?

Recompensa por las Notas

Si hay algo que no entendía de pequeña era porque a los niños que solo suspendían una asignatura le regalaban una bici por su esfuerzo y yo que aprobaba todo con buenas notas no me regalaban ni un bote de plastilina. La explicación de mis padres es que su obligación era ir a trabajar y la mía era estudiar. Vale, hasta ahí perfecto, pero ahora como madre lo veo de la misma manera, mi obligación es ir a trabajar, pero si a mi cada mes se me recompensa mi esfuerzo con mi sueldo, ¿por qué no le puedo recompensar a mi hija su esfuerzo de todo el curso?  No creo que sea malo reforzar al niño y motivarlo por hacer bien su trabajo, de hecho, mucho de nosotros, si no nos llegara el sueldo a la cartilla cada mes ¡no nos moveríamos de la cama!

Mis padres me decían que mi recompensa eran las notas, sinceramente, a mi esa recompensa me sabia a poco, es como si te dicen a final de mes que tu recompensa es ver las ganancias que ha tenido la empresa. Ojo, estamos hablando de regalos simbólicos, no os vayáis a pensar que ahora voy a tirar la casa por la ventana porque mi hija de tres años lo ha aprobado todo.

Ahora, en el momento que deje de aprobarlas todas se acaban sus recompensas, esto es una gratificación por el trabajo bien hecho, como decir, la paga extra, no estoy de acuerdo con hacer regalos por solo suspender una asignatura. En eso si que estoy de acuerdo con mis padres, es que su obligación estudiar, y no creo que se le tenga que recompensar por hacer medio bien su trabajo, las recompensas se dan por trabajos bien realizados.

Pero como todo, este es mi punto de vista, luego depende de cada niño, de su manera de aprendizaje, y nuestra manera de ver la vida, puede que el tuyo sea no darle ninguna recompensa, o igual dársela porque solo ha suspendido una.

¿Vosotras que opináis?

Si tú vistes bien, ¿por qué le haces esto a tu hija?

Estoy segura de que sabéis de qué hablo…

Hablo de esto:

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Ayer el Sr. Pocofifi bajó al patio a mi hija de esta guisa… Y quizá diréis, no es para tanto. Quizá no, pero como comentábamos mi vecina Marian (que me dio la idea de este post, gracias chati) y yo hablando de este tema, vamos a ver…

Si Pocofifi es impecable en su vestir, se combina la ropa perfectamente, es un dios en la elección de colores, ¿en qué momento le pareció buena idea mezclar vilmente todos esos estampados y como colofón añadir una flor tipo tocado? ¿Le puso la flor porque era gris como la chaqueta del chándal? ¿Le puso la flor porque las mallas también eran de flores?  ¿El brilli-brilli de la camiseta de ponys no era suficiente y por eso añadió las mallas estampadas en tonos pastel?

Venga Pocofifi, hombreeeee, que esta combinación no te la pones tú ni harto de whisky.

Estoy a un paso de las mallas de chándal con zapatos de charol, y si no, ¡al tiempo!.

Qué me decís, ¿los vuestros también son maestros en el arte de “descombinar”?

Carta a «esos» padres acomodados

Todo empieza cuando nacen. En cuanto los bebes nacen, especialmente en los casos en los que hay lactancia materna (bueno y en los otros también), se establece una especie de “cesión” absoluta de poderes a la figura materna. O lo que viene a ser lo mismo, el bebe es de su madre (y para su madre). Por supuesto que hay padres que ayudan (y sí, uso la palabra ayudar porque en este caso no suele ser “compartir”, suele ser “ayudar”). Cambian pañales, los bañan, los tienen un rato, pero la mayoría del tiempo lo pasan al cuidado de mami.

Hasta aquí todo perfecto porque las hormonas enloquecidas que hay en nuestro interior están muy, pero que muy de acuerdo con esta distribución de tareas.

¿Pero qué ocurre cuando el tiempo pasa y el bebe ya no es un bebe?. Pues que, en la mayoría de los casos, hemos pasado tanto tiempo funcionando de esta manera que la hemos liado parda. Hemos sentado precedente. Los hemos acomodado.

A esos benditos padres se les ha quedado una especie de síndrome de “ahí tienes a tu hijo”, que les hace encasquetarte al churumbel cada vez que llora, que no puede hacer caca, que no se duerme o que no se quiere terminar la cena. Vamos, lo que viene siendo “cada vez que la cosa se pone fea”.

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Granja Escuela

Todavia me acuerdo lo nerviosa que me ponía que vez que llegaba el día de irme de excursión con el colegio, aunque fuera a ver una obra de teatro, me daba igual, todo lo que fuera hacer algo fuera de lo cotidiano me encantaba. ¡Pero todavía me acuerdo más del día que me enteré que las excursiones que hacías con el colegio las podías hacer también  con los padres! (en defensa de mis padres diré que era otra época y la forma de entretener a los niños era de otra manera).

Esta Semana Santa llevamos a Minijijiji junto a unos amigos a visitar una granja escuela, ¡tengo que reconocer que fue una experiencia genial!.

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Nosotros somos urbanitas, por esta zona pocos animales de granja vemos; somos de los que creemos que la leche sale de un tetrabrick y los huevos vienen en carton, así que creímos que era buena idea eso de ponernos el chandal e ir a pisar mierda ¡literalmente!.

Si estáis cerca de Barcelona, sin ninguna duda os recomiendo la Masia Can Deu en Sabadell. El trato es espectacular, os dejan tocar todos los animales (menos los cerdos por seguridad), darles de comer, ver dónde viven y qué obtenemos de ellos. Y lo más importante, se adaptan a la edad de los niños.  Como sabéis,los Minis tienen dos años y dependiendo que actividades, a ellos se les puede hacer muy pesada, sin embargo esta se hizo muy amena y divertida.

La actividad es muy completa, y dura entre 1 y 3 horas, dependiendo de las actividades que elijas, en la puerta de la Masia tienen una zona picnic donde poder dar de comer a los «granjeritos «, ¡porque salen con un hambre!.

Y vosotros, ¿qué tipo de excursiones soléis realizar con los peques?.

La importancia de la autoestima

Si me preguntan qué rasgos me gustaría que tuviese la personalidad de mi hijo el día de mañana, probablemente contestaría que fuese una buena persona, que tuviese sentido del humor y, sobre todo, que tuviese una alta autoestima. Creo que la autoestima, amor propio, quererse a uno mismo, como prefiráis llamarlo, es fundamental para ser feliz.

La baja autoestima es como una pantalla a través de la cual se ve todo distorsionado. Da igual lo nítido que sea lo que hay al otro lado, tú solo ves formas casi indescifrables que tu mente interpreta a su manera, a menudo de forma errónea. No importa lo lejos que puedan hacerte volar tus capacidades, aptitudes o valores, la baja autoestima es un grillete que te mantiene pegado al suelo, lamentándote por no poder liberarte. Yo, en ocasiones, tengo esa pantalla delante de los ojos, ese grillete ciñendo mi tobillo. No me importa reconocerlo, no creo que sea un motivo de vergüenza. Lo cierto es que con el paso de los años, cada vez menos. Pero sé lo que es, y se pasa mal. La inseguridad, la indecisión, el exceso de autocrítica, el sentimiento de culpabilidad «porque sí», el menospreciar tus triunfos y la necesidad de confirmación ajena para darlos por válidos, son cosas que empañan la más perfecta de las vidas.

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No quiero eso para mi hijo. Prefiero menos capacidades y más autoestima, porque sé que si confía en él mismo las aprovechará al máximo. He buscado mucha información acerca de este tema en internet, con el fin de tener una orientación sobre cómo afrontarlo desde el punto de vista educativo cuando llegue el momento. Supongo que es especialmente difícil inculcar autoestima cuando te cuesta un poco tenerla, pero es algo que tengo que hacer, al menos en lo que a la parte familiar respecta, porque tengo claro que no es una tarea únicamente de la familia. Los educadores también cuentan.

De entre todos los consejos que he encontrado para potenciar la autoestima del niño, destacaría estos (que más o menos son de sentido común):

num1Alabar los logros del niño. Es un error quitarle importancia a los logros porque alcanzarlos sea «su obligación». Eso sí, alabarlos en su justa medida, porque si nos pasamos el día aplaudiéndoles dejamos de ser creíbles y les confundimos. También tienen que aprender a formarse su propio criterio.

num2Dejarle que se equivoque. Creo que esto es clave, la sobreprotección en la infancia solo consigue adultos inseguros, frustrados e incapaces, que esperan que alguien venga a resolverles el problema de turno porque es lo que ha ocurrido siempre.

num3No criticar sus errores en público. Si hay que corregirle, mejor hacerlo en la intimidad para evitar que se sienta humillado.

 

num4Darle importancia a sus opiniones y escucharle con atención. Este punto me parece peliagudo, porque los niños de cierta edad reclaman mucha atención e interrumpen continuamente las conversaciones de los adultos. Me pregunto cuál será la mejor forma de hacerles entender que tienen que esperar sin hacer que se sientan ninguneados.

Y estas son las aportaciones que yo hago a la lista, basadas un poco en mi experiencia, cosas que he visto, etc.

num5No insultarle. Ésto, que en principio parece una obviedad, a mí me parece que no lo es tanto. El insulto «cariñoso» forma parte de nuestra cultura: gordito, cabezoncillo, orejitas, mofletes, gafitas, etc. (a ver, a un bebé te sale llamarle gordito y no pasa nada, me refiero a niños más mayores). Los padres no lo suelen hacer, pero puede que el entorno familiar sí que lo haga. Lo hacen sin mala intención, de acuerdo, pero no debemos olvidar que los niños perciben las cosas de otra forma y que están empezando a formar su autoconcepto, por ello, yo como madre trataría de evitarlo.

num6No colgarle etiquetas. Describir a un niño como nervioso, llorón, agresivo, miedoso, contestón, etc; es devolverle una imagen negativa sobre sí mismo y, sobre todo, sin aparente posibilidad de cambio. Se puede tener un comportamiento aislado x sin necesidad de ser x. Muchas veces lo hacemos inconscientemente, yo misma he usado la etiqueta «nervioso» con mi hijo alguna vez. Este es un consejo que también nos podemos aplicar los adultos para nosotros mismos. (:

num7Evitar las expectativas no realistas en el niño. Cuando los padres depositan en los niños expectativas que, muchas veces, ni siquiera son realistas, o quieren que sus hijos sean los mejores en todo, lo que están haciendo es ponerle metas que probablemente no alcanzarán, y eso hará que se frustren y se sientan menos válidos.

En mi caso creo que aún es pronto para aplicar algunas de estas cosas, y sinceramente, creo que la teoría es muy bonita, pero que el éxito de todas esas prácticas depende de muchos factores: paciencia, tendencias de tu personalidad, etc. A mí el tema de la sobreprotección, seguramente me va a costar controlarlo, y reconozco de paciencia no ando sobrada, pero bueno, haré todo lo posible por no perder de vista el objetivo. Creo que lo que se puede ganar si se alcanza, es mucho.

Sé que es un tema del que se ha hablado largo y tendido, y en realidad este post es un poco para condensar mis ideas en un sitio y verlo más claro, pero me gustaría saber vuestra opinión sobre el tema, si se os ocurre algo más con qué ampliar la lista, etc. También sé que hay varias maestras entre nuestras lectoras, sería un placer leer vuestro punto de vista!

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(ESTEREO)TIPOS DE PADRE

Por petición de mis Maris (y yo pa mis Maris, gloria bendita), hoy traigo esta primera lista de (estereo)tipos de padres, porque de madres ya llevamos dos, y ya era hora de categorizarlos también a ellos. Hablo de todos un poco con cierto conocimiento de causa, porque además de que Frikencio es muy de estos dos tipos, en mi entorno se encuentran todos los demás.

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EPF. El Padre Futbolero

No tengo muy claro si este tipo de padre debe llamarse EPF o EFP, porque hay algunos que parece que son futboleros antes que padres. EPF, como su propio nombre indica, es el que vive obsesionado con el fútbol. Da igual a quién anime, el EPF puede ser del Real Madrid, del Barça, del Atleti o del Numancia, pero él se va a tragar todos los partidos de la liga, caiga quien caiga. Si es su equipo el que juega, querida LEDPF (la Esposa de Padre Futbolero), mejor olvida su existencia. Cuando supo que iba a ser padre, lo primero que le vino a la mente fue una imagen de su futuro bebé con la diminuta equipación del club al que sigue, y su primera compra para su hijo/a fue o un chupete o un body con el escudo de su equipo. Cuando llegó al mundo lo primero que quiso enseñarle fue a cantar sus cánticos de ánimo… Qué coño es eso de aprender a andar, a hablar, los sonidos de animales o los lobitos. Eso son cosas secundarias, lo verdaderamente importante es aprender a decir: HALA MADRID. En todas las familias hay un ejemplar, ya sea padre o abuelo (EAF), porque amigos: Esto… es… España.

EPF

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EPE. El Padre Empático

El EPE es un curioso ejemplar digno de ser observado. Seguro que habéis visto alguno, aunque no proliferan demasiado. Es aquel que vive el embarazo de su pareja como si de su propio cuerpo se tratase. Cada vez que alguien le pregunta algo sobre el embarazo a su pareja, él le arrebata la palabra para contestar utilizando un plural cuanto menos desconcertante: empezando por el “Estamos embarazados” y siguiendo por cosas como “Ya estamos de 30 semanas”, “Hoy vamos a hacernos la curva larga”, “Tenemos la tensión algo alta”. Su pareja le mira de soslayo con cara de “pero qué cojones sabrás tú”. Yo tuve de compañera en el hospital a una mujer cuyo marido era EPE. Son muy cansinos, pero te tienes que reír con ellos.

Sí, ya vemos la cara de mareado y con náuseas que tienes...

Sí, ya vemos la cara de mareado y con náuseas que tienes…

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EPFRI. El Padre Friki

El EPFRI es entrañable. Fíjate si es entrañable que es capaz de aprender a bordar en punto de cruz solo para que su hijo tenga un babero con la señal de Batman (#truestory, ya os enseñaré fotos). Puede que nunca llegue a terminar el babero, pero la voluntad es lo que cuenta. Está deseando que su hijo llegue al mundo para enseñarle todo lo que a él le gusta. Cuando EPFRI sabe que va a reproducirse, comienza a proveerse de toda clase de objetos frikis a la par que entrañables para su pequeño vástago: camisetas minúsculas con la cara de Lord Vader, cojincitos con la forma de Cthulhu o Totoro, peluches de personajes sacados de videojuegos de los 80, etc. EPFRI tiene más ganas de que llegue el carnaval que de que llegue el primer cumpleaños de su hijo: No sabéis la de absurdeces (brillantes) que alberga su cabeza en materia de disfraces.

EPFRI

La primera imagen me resulta inquietante… Imagino una disputa por la elección del disfraz entre una madre convencional amante del rosa y de las princesas y un padre Friki amante de Darth Vader, en la que ninguno de los dos da su brazo a torcer y la única perjudicada es la pobre niña (menudo engendro de vestido).

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EPQCELM. El Padre Que Cree En La Magia

El EPQCELM todavía no se ha enterado muy bien de qué va la historia. Hay un bebé, es muy bonito, huele bien y hace ruiditos. Al EPQCELM le gusta estar con su bebé y se siente orgulloso cuando se le duerme encima. Se lo cuenta a todo el mundo para que vean lo padrazo que es. Pero ahora viene la parte de la magia: la magia es la que le cambia el pañal, la que lo baña, la que lava su ropita, la que lo duerme… La magia es la que hace todas esas cosas que no hace él. Cuando se hace caca, lo suelta en el sillón para que la magia se encargue. Qué maravillosa es la magia… Lleva acompañándolo toda su vida. Es la que siempre le ha hecho la cama, la que le ha lavado la ropa y la que se la doblado y metido en el cajón. El día que a la magia se le inflen los cojones, el EPQCELM se va a volver EPM de repente (El Padre Muggle).

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EPLDI. El Padre Libro De Instrucciones

Si algún tipo de padre capaz de sacarme de mis casillas, ese es el EPLDI 🙂 No hay mucho que explicar, el EPLDI siempre sabe lo que hay que hacer: qué comida darle, cuánto abrigarle, si darle un medicamento o no, etc. Te dice continuamente lo que tienes que hacer, “vigila al niño”, “dale la medicina”, «tápalo que se va a poner malo«, etc. Si te descuidas, te hace sentir un poco madredemierda, porque todas tenemos esa especie de chip que nos ha metido la sociedad en la cabeza que te dice continuamente “una madre siempre sabe qué necesita su hijo”, “nadie lo entiende tan bien como su madre” y creemos que el nuestro está defectuoso o algo así. Señoras, tengo serias dudas sobre la existencia de ese chip de intuición maternal, pero lo que tengo claro es que si nosotras no lo tenemos, ellos tampoco. Querido EPLDI, no me gusta seguir manuales, soy más de improvisar.

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Bueno, pues hasta aquí los primeros (estereo)tipos de padre. Lectores papás, que sabemos que andáis por ahí…¿os reconocéis en alguno?. Lectoras mamás, ¿reconocéis a vuestras parejas? ¡Contadnos cosas!

Érase una vez…

Erase una vez un niño. Era un niño muy feliz, tenía muchos amigos y una familia fantástica.

Sus papás, eran los mejores papás del mundo. Tenía dos hermanos, ¡los cinco lo pasaban fenomenal!

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Él era el mayor de sus hermanos, y por tanto, el que hacía las cosas que más molaban. Sus hermanos pequeños siempre se fijaban en él para todo.

Una de las cosas preferidas para este niño era escribir la carta a los Reyes Magos y debía ser muy convincente porque…¡siempre le hacían caso! Parecía como si le conociesen de toda la vida…

Un día, el niño estaba jugando al escondite con sus hermanos. A su hermana le tocaba buscar y a él y a su hermano esconderse, así que pensó en el mejor escondite de toda la casa, y se metió debajo de la cama de sus padres. ¡En ese sitio nunca le encontraría!

Estaba allí debajo escondido cuando de repente vio unos papeles asomar por debajo del colchón… Con cuidado estiró de ellos y no podía creer lo que vio: ¡Eran sus cartas a los Reyes Magos!

El niño estaba muy enfadado. ¿Qué hacían sus cartas ahí guardadas?

En el colegio, algunos niños le habían dicho que los Reyes Magos eran los padres, pero él no quería creerles. ¿Sería verdad lo que decían sus compañeros?

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Él era un niño muy listo así que decidió averiguar la verdad del caso. Faltaba muy poco para la Navidad. Dejó pasar un par de semanas y le dijo a su madre: “Voy a escribir mi carta para los Reyes Magos”.

Así que escribió su carta y la dejó en el sitio de siempre. Pero no solo dejó eso. Además, y sin que nadie lo viera, cogió una galleta y la puso un poco escondida al lado de la carta.

“Puede ser que mis padres guarden las cartas como recuerdo, porque los Reyes siempre van muy cargados, igual no pueden llevárselas todas. Pero si los Reyes Magos existen,  cogerán la galleta seguro” pensó.

Y llegó la noche del 5 de Enero. El niño decidió esperar toda la noche despierto, pero ese día habían estado en la Cabalgata y estaba tan cansado que en seguida se quedo durmiendo…

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A la mañana siguiente, en cuanto amaneció, se levantó de un salto y fue corriendo al lugar donde había dejado la carta y la galleta. La carta había desaparecido, y en su lugar había muchos regalos para él y sus hermanos, pero la galleta, que estaba bien escondida, seguía allí. Tras eso fue de puntillas a la habitación de sus padres, y allí, debajo del colchón, encontró la carta.

El niño no sabía qué hacer. ¿Debía decirles a sus papás lo que había descubierto ó debía callarse y hacer como que no había pasado nada?.

Pero él era un chico muy valiente así que se decidió. Esa noche, esperó a que se acostarán sus hermanos y fue a hablar con sus papás.

“Qué haces todavía despierto?”, le preguntó su padre.

“Pueeees….que tenía que haceros una pregunta”, contestó, un poco nervioso.

Su padre lo miró sorprendido y le pidió que se sentara con él en el sofá.

“Quiero saber si los Reyes Magos existen”, les dijo.

Sus papás se miraron el uno al otro.

“¿Porqué dices eso cariño?”, le preguntó su madre.

Entonces, el niño les contó toda la historia, lo de las cartas bajo el colchón, lo que le habían dicho en el cole y hasta la ocurrencia de la galleta…

Ambos lo miraban boquiabiertos.

Su padre comenzó a hablar:

“Mira hijo mío, ya es hora de que te cuente una historia. Ya eres un chico mayor por lo que te vamos a contar toda la verdad. Hace muchos, muchos años, a un niño, más ó menos de tu edad, se le cayó un diente la noche de Reyes. Por esta coincidencia los Reyes Magos y el ratoncito Pérez coincidieron en una casa. Los Reyes Magos eran ya muy mayores, porque llevaban miles de años repartiendo juguetes en casa de todos los niños del mundo. El ratoncito Pérez también, sus bigotes se estaban empezando a teñir de blanco y ya no veía los agujeros para colarse en las casas como antes. Los cuatro comenzaron a hablar del paso del tiempo y de la cantidad de casas que debían visitar cada año.

El rey Melchor decía: “Si al menos pudiéramos ir en varios días. Yo ya sufro de dolores de espalda por tener que cargar los juguetes todos a un tiempo”.

“Desde luego”, respondió Gaspar, “Tantas casas, tantos regalos y sólo tenemos seis manos…”.

“Pues lo mío es peor, porque no son tantos regalos a la vez, pero ¡son muchos todos los días!”, les respondió el ratoncito Pérez, “Y la verdad, estoy ya cansado, necesito unas vacaciones”.

Baltasar suspiró. “Si al menos alguien nos ayudará….”

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Mientras comentaban todo esto, no se dieron cuenta de que los estaban escuchando. Eran los papás del niño que al que se le había caído el diente el día de Reyes, que escuchaban silenciosos desde detrás de la puerta. Al escuchar el debate no pudieron evitar interrumpir.

“Ejem, ejem…buenas noches”, dijeron, “Somos los papás del niño al que habéis traído los regalos.”

“No hemos podido evitar escucharos y nos apena mucho que vayáis tan cargados de trabajo. Todos tenemos derecho a disfrutar de una vejez tranquila y poder descansar.

Por eso tenemos una solución a vuestro problema. Necesitáis a alguien que os ayude, y creemos que tenemos a esas personas”.

“Sí, ¿en serio?”, preguntaron los cuatro, “¿Y quien se podría ocupar de esto de la misma forma que lo hacemos nosotros?. Esas personas deberían conocer los gustos de cada niño a la perfección, saber si han sido buenos y si merecen los regalos que se les hacen, conocer sus deseos, sus aficiones,… y además ser capaces de estar en cada casa a la hora exacta de poner los regalos. ¡Es muy difícil encontrar a alguien así!. Solo hay dos personas, además de nosotros que podrían hacerlo, pero son los propios padres…”

Los padres del niño sonrieron….

Los Reyes Magos y el ratoncito Pérez se miraron boquiabiertos.

“¡Pues claro!”, dijeron, “¿Cómo no se nos había ocurrido antes?. Es la solución perfecta. Los padres de cada niño serán nuestros ayudantes y nosotros podremos por fin descansar.”

Y así fue como lo hicieron, durante generaciones y generaciones, los padres de los niños ayudan a los Reyes Magos y al ratoncito Pérez a repartir los regalos, y cuando los niños son mayores, sus papás les cuentan la historia para que puedan entenderlo y ayudarles a su vez. Y esa es la verdad, hijo.”

El niño dudó antes de preguntar: “Y ahora que ya lo se todo y lo entiendo, ¿como podría yo ayudaros?”.

Su mamá, que era muy lista (y muy guapa, todo hay que decirlo), se sentó junto a él y , acariciándole el pelo le dijo: “Ahora más que nunca necesitamos tu ayuda. Tus hermanos son pequeños, y todavía no saben nada. Necesitamos que seas nuestro cómplice y nos ayudes a que no se enteren hasta que sean tan mayores como tú”.

El niño sonrió. Estaba encantado. Era cómplice de un secreto superimportante y ahora podría ayudar a sus papás a prepararlo todo.

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La Navidad siguiente el niño se lo pasó pipa. Fue con su mamá a elegir los regalos de sus hermanos pequeños, y claro, también los suyos. A escondidas ayudó a empaquetar y a poner lazos. Por otro lado, escribió su carta a los Reyes como todos los años, ya que como sabéis, sus hermanos hacían todo lo que él hacía y se lo pasó en grande viendo la ilusión de los más pequeños. Y la noche de los Reyes, sus papás le permitieron quedarse despierto hasta tarde para colocar todos los regalos. ¡Cómo disfrutó a la mañana siguiente cuando vio la cara de sus hermanos al levantarse. Él disimuló y puso la misma cara de sorpresa de todos los años, pero esta vez su padre lo miró y con un gesto de complicidad le guiño un ojo.

Y colorín, colorado….¡el misterio de la galleta se ha  destapado!

Y ahora, seguro que os preguntaréis…Y los Reyes Magos y el ratoncito Pérez, ¿dónde fueron?…

Pues bien, en las noches en las que hay muchas estrellas, y si os fijáis bien bien, hay una estrella que siempre brilla más que las demás. En esa estrella vive mucha gente, y se lo pasan genial observándonos desde arriba… El niño la conoce bien, pues es la estrella en la que está su bisabuelo y siempre la busca y le habla; pues, junto a él, y junto a muchos otros bisabuelos de muchos otros niños, cuatro figuras nos saludan con la mano, tres de ellos llevan capa y corona y al cuarto casi no se le ve porque es muy, muy pequeño, tan pequeño como un ratoncito…

By PerlasyLunares

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