Y a esa pregunta, ¿qué le contesto?

Minififi habla mucho, muchísimo. Y pregunta casi más de lo que habla.

Ella se ducha conmigo, y siempre me ve cuando me pongo tampones. Desde muy pequeña los llama “los pequeños castillos”. El caso es que muchas veces me ha preguntado por qué me pongo eso y siempre le he contestado que eso es algo que se ponen las mamás y que ya lo entenderá cuando sea un poco más mayor.

Pero hace dos días, ante la misma contestación ella me dijo: “¿Me lo puedes explicar ya mamá? Te prometo que lo voy a entender, que ya soy mayor.”

Le dije que no, que aún no era el momento y se puso a llorar, con mucho sentimiento, porque dice que no le explico las cosas.

Os prometo que se lo explico todo, que le cuento muchísimas cosas, pero justo esto ha coincidido también con una situación parecida. Hablando de cómo se hacían los bebes (tema que llevamos abordando ya un par de años…), quería saber cómo se metían los bebes en la barriga. De ahí pasamos a la famosa “semillita” (llamadme chunga pero fue lo único que se me ocurrió), pero tampoco ahí quedo la cosa. Tenía muchísima curiosidad por saber cómo entraba la semilla, si había que comérsela, a qué sabía, etc. Me pilló fuera de juego, y eso que yo suelo tener respuesta para casi todo. Le dije que no se comía, y que luego, cuando fuera un poco mayor, le explicaría cómo era. En casa no tenemos tabúes, nos ve desnudos, se habla de todo, pero esto veía que se me iba de las manos.

Así que tengo a mi hija de cinco años pensando que no le explico nada y que la considero medio tonta porque le digo que no lo va a entender. Yo sé que si que lo va a entender, pero miedo me da la movida que se monte en su cabecita…

Necesito vuestra ayuda. ¿Cómo se le explica a una niña tan pequeña el tema de la menstruación sin hacer que tenga pesadillas? ¿Qué explicación hay que darle con el tema de la famosa semillita? Ni sé a qué edad les explican el tema reproductor en el cole, así que estoy más perdida que el barco del arroz con todo esto…

min

¿Alguien en la sala que me saque del apuro? ¿A qué edad consideráis que hay que hablarles de estas cosas?

Sexo

Hoy vengo a hablaros de un tema muy serio que merece especial atención: la ausencia de vida sexual después de la maternidad.

Estaba yo con mis maris la otra noche, a eso de las tantas de la mañana, cascando de tontunas varias cuando salió el tema. No es la primera vez que lo hablamos, pero hacía tiempo ya que no entrábamos en detenimiento (quitando algún “tú ni caso, que lo follen” “pues no sé quien, porque llevamos sin…”, blablabla). Por un lado, tranquiliza bastante saber que hay más gente como tú por el mundo y ¡joder, que casualidad!, ¡escribimos juntas un blog!. Por otro lado da que pensar, ¿quién cojones se ha llevado nuestra líbido y qué ha hecho con ella?

Zsa zsa Garbor dijo una vez: “No sé nada de sexo porque siempre estuve casada”. Yo diría “No sé nada de sexo desde que fui madre y se esfumó”. Así de claro.

Porque, seamos sinceras, quitando algún mes que la cosa parece que se anima, desde que mi mini llegó, el sexo no es que no esté presente, es que ya ni me acuerdo de cuando estuvo… seguramente Pocofifi sí que se acuerda, de eso y de parte de mi familia.

La principal culpable, la pereza. Marifriki hablaba la otra noche de lo bien que sienta para el ánimo un buen polvo. Cierto, sienta de puta madre, te da un subidón de energía brutal. Pero las cuatro coincidíamos en que ponerse, uffff, ¡que pereza!. Una vez que estás en el tema, todo va genial, pasas un buen rato, recuerdas que un día fuiste una fémina sexualmente activa y te prometes a ti misma que no vas a dejar que la sequía vuelva otra vez. Mentira. La sequía vuelve.

A la pereza se le suma la falta de autoestima corporal, que es directamente proporcional al número de kilos acumulados desde el embarazo, kilos cabrones que se pegan a las cartucheras y demás zonas blandas como lapas y que no quieren irse nunca.  Eso de pasar por una tienda de lencería y estar deseando probarte el conjunto más putiférico que tengan, salir de ahí con él en una bolsa y no poder esperar a que llegue la noche para estrenarlo, eso ya es historia. Y no nos engañemos, las bragas de cuello vuelto son muy cómodas y todo lo que queráis, pero poner, lo que se dice poner, no ponen.

Y para colmo de males, para terminar de joder el tema (léase joder como estropear, porque en su otro significado, remitíos a lo que estáis leyendo), el arma que tenías, el instrumento de trabajo, el protagonista de la fiesta, te lo han cambiado, ya no es el mismo, al menos el mío. Ya me lo decía mi amiga Ana, que eso no se quedaba igual. El mío concretamente se ha debido quedar como la boca del metro. No entro en detalles.

Esto sí que son sombras y no las de Grey, que ya me gustaría a mí ver a esos con un churumbel y convirtiendo la sala sado en una habitación de juegos infantiles. (NOTA: por favor, quede claro al escritor, que con esto no pido un enésimo libro hablando de la descendencia de esta pareja, sería más de lo que el mundo podría soportar).

Lo que se seguro, es que esta escasez (casi nulidad) de vida sexual, no es por los hijos (angelicos que ya duermen en su habitación), ni por la falta de sueño (Minififi es un lirón que duerme 11-12 horas desde que nació), ni por la falta de tiempo (que en las pelis y libros nos contarán lo que quieran, pero todas sabemos que para echar un buen quiqui no hace falta mucho). Esto va a ser por otra cosa. En cuando lo averigüe os cuento.

Así que, venga, dadnos envidia y contadnos que vuestra vida sexual es maravillosa, mucho mejor que antes, y que por lo menos podamos ver luz al final de túnel…

dibujo def