Benditas vacaciones

Ya está aquí agosto, el mes en el que muchos cogen las vacaciones… y mi menda no va a ser menos. El viernes que viene, no solo las voy a coger, si no que las voy a estrujar, a sobetear y a chuperretear, porque las estoy esperando como agua de mayo. Solo tengo una semana este mes, pero para mí equivale a algo así como un lustro, siete laaaaargos días en los que seguiré madrugando (porque Frikito es de esos niños a los que les gusta aprovechar la jornada), pero al menos mi despertador no va a ser una alarma infernal, si no que será la retahíla de palabrejas sin sentido de mi niño desde su cuna. Este año, desgraciadamente, mis vacaciones no coinciden con las de Frikencio, que ya las ha disfrutado, pero al menos pude pillar dos días en julio para poder marcarnos una escapadita a la playa y alejarnos de los calores avérnicos de Córdoba, y de paso que el gordito viese el mar, que por cierto, ya le va gustando algo más.

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* Estoy superando mi asco a la arena

El caso es que sé lo que me espera: relax cero. Veinticuatro horas al día con un niño de dos años y sin la ayuda de papi, prometen. La última vez que pasé tanto tiempo seguido con él fue hace un año (estaba en paro), cuando aún no era el atletista de fondo que es hoy y yo todavía le ganaba en una carrera. Os tengo que confesar que me da un poco de miedete, pero lo estoy deseando, porque por mi trabajo le veo muy poco y por muy estresante que sea, prefiero mil veces esa clase de estrés al de la rutina laboral (palabrita, que seguro que habrá quien no me crea).

Como solo tengo una semana, quiero organizarme para hacer varias cosas que me he propuesto:

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Redecorar un poco la habitación de Frikito. Quiero darle un pequeño giro pero sin gastarme mucho dinero, así que intentaré ir a algunas tiendas low cost, compraré cuatro chorradas, alguna tela bonita, miraré estanterías en Ikea, etc. Ya os contaré.

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Marcar la ropa para la guarde. Nos han dicho que toda la ropa debe llevar su nombre, así que aprovecharé estos días para hacer eso.

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Pasear, pasear, pasear. En esta ciudad, esa actividad debe restringirse a determinadas horas, entre las 11:30 de la mañana y las 21:00 es mejor estar cerca de un aire acondicionado, pero como de todas formas tendré que madrugar…

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Pintar con dedos. Compré pintura de dedos para Frikito hace unas semanas y aún ni la hemos abierto. A ver si durante esta semana «redecoramos» la casa.

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Adelantar con el blog. Quiero subir algunos borradores, porque siempre ando con prisas de última hora y sin tiempo para nada.

No creáis que no soy realista. De todo lo que te propones hacer en vacaciones, suerte si haces la mitad, pero oye, si ni siquiera te pones metas, entonces es cuando no haces nada.

Si os soy sincera, estoy tan exhausta que invertiría un día entero en convertirme en un vegetal. Respirar y poco más. Tumbarme en una toalla y ver las nubes pasar. Ni leer, ni ver películas, ni usar la mente, solo vegetar. Quizá poner Telecinco y fijar la vista en la tele. Pero como tengo claro que eso no es posible y además en el fondo sé que no lo aguantaría, intentaré aprovechar el tiempo lo mejor que pueda, recargaré la batería y volveré con ganas de guerra. Eso espero.

Y vosotros ¿tenéis vacaciones? ¿Os habéis fijado metas? ¿También os dan ganas a veces de vegetar?

Vacaciones: antes y ahora

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Planificabas tus vacaciones así al buen tuntún, con pareja o con amigas, sin importarte demasiado la distancia o si el garuto que pillabais era a pie de playa o en lo alto de un monte, mientras hubiera bares cerca y las chinches solo salieran de noche (que total, no estabas).

Comprabas el bikini más pequeño de la tienda porque también sería mala suerte encontrarte con alguien conocido en la playa y joder, lo que molaba no tener marcas así que “welcome topless”.

Maleta con detodoposiacaso, atos festivaleros de todos los modelos y colores, taconazos, un neceser bien repletico de to, joyas y bisutería varia y si no tenías pareja (o sí), una caja de condones “por si las flies”.

Bolsa de la playa: potingues, discman, móvil, un buen libro (que aunque parezca increíble, leías), tabaco, algo de dinero suelto y toalla. Fin.

Sesión de beach y piscina (a partir de las 13:00h, porque antes dormías) vuelta y vuelta embadurnada en aceite (casi de oliva) que te hacía brillar como un euro. Luego, cañita en el chiringuito más cercano, copitas, y ¡a vivir que son dos días!

Noches de fiesta y desenfreno, mañanas de ibuprofeno…y más vuelta y vuelta.

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ahora

Planificas tus vacaciones en modo “bebeabordo”: viaje no muy largo, primera línea de playa (porque en caso contrario la vuelta a la vivienda puede ser mortal de necesidad), parque y columpios cerca, apartamento decente, …

Vas en busca de una prenda que hasta ahora solo sabías que existía por las fotos de los 80’ de tu madre: EL BAÑADOR. Única prenda “mojable” que, además de disimular las lorzas, te permite correr detrás del diablo de Tasmania por la playa sin perder del todo la dignidad como mujer y como persona. Bendito sea aquel/la que lo inventó.

–  TU maleta: pequeña, pequeña, pequeña. Total, para guardar cuatro camisolas y un par de chanclas, tampoco hace falta mucho. Ropa para salir, ¿pa que?, tacones ¿pa que?, accesorios, ¿eso que ehhhhh?. Junto a la tuya, una maleta rosa que ya la quisiera para ella la Piquer.

Bolsa de la playa (que bien podía llamarse “trailer de la playa”): bikinis y pañales de agua como si no hubiera mañana, todo tipo de artículos solares: protector, aftersun, cremas. Gorras (un par por si se vuela alguna), un pallet de toallas, esterilla, chanclas de repuesto, peine, toallitas, pañales, ropa seca, juguetes, pelota, cubo, palas, rastrillos, más cubos, piscinita, flotador, manguitos (y porque contratar a un salvavidas profesional sale caro). Bolsa térmica con galletas, gusanitos, fruta, patatas. Nevera con agua, mucha agua, zumos, y si queda hueco un quinto ó dos de Alhambra porque sabes que el chiringuito igual ni lo pisas.  Silla de playa, sombrilla, el iglú del decatlón. Y en un rinconcillo, una bolsica de mercadona con tu móvil (sin batería) y las llaves.

Sesión matinal y tempranera (entre las 10:00h y las 12:00h) de montar sombrillas, de pringue de arena jugando con cubos, de carreras por la orilla, de rabieta por no querer entrar al agua, de rabieta por no querer salir del agua; jornadas interminables de sacudir toallas y de abrir y cerrar la bola una y otra vez; búsqueda y encuentro de tu retoño en las toallas de los vecinos jugando con la pelota de su hijo, igual que la que tu llevas pero joder, la tuya es azul, y esta es roja (habrá que comprar una roja mañana, porque la azul ni la ha mirado y la roja parece que le encanta). Sesión de quemaduras solares, porque, con tanto lío, otra vez se te ha olvidado echarte protector.

Noches de…tranquilidad. Alguna vez, y por soltarse la melena un poco, copita en la terraza disfrutando del silencio y de la paz.

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Y sí, ahí estás, donde nunca pensaste que estarías, en el lugar donde antes estaban esas marujas que veías en la playa, cargadas de trastos, neveras, maridos y churumbeles. Y ahí te ves, odiando profundamente a la chica del bronceado dorado, a la de barriga plana y tetas perfectas que toma el sol en una hamaca, sobre una toalla impoluta y perfectamente extendida; sin mover un músculo, con un bikini diminuto, fumándose un cigarro tranquilamente mientras lee un libro; con sus gafas de sol a la última moda y un sombrero de paja que has visto en algún blog; hablando por teléfono con alguien sobre los planes para esa noche que incluyen, botellón en la playa y visita obligada a tomar una copa en el sitio más in de la zona.

Y la odias, la odias de verdad, porque hace no tanto, tú eras esa chica. Pero por otro lado sonríes malévolamente, porque aunque ella ahora mismo no lo sepa, aunque ella ni se lo imagine, en no mucho tiempo, ELLA SERÁ TÚ.