Una imagen vale más que mil palabras

A nadie nos gusta ver fotos de niños refugiados muertos en una playa, a nadie. Pero hay una cosa muy clara: solo nos preocupa lo que vemos. Solo prestamos atención a lo que vemos. Sólo nos hace pensar lo que vemos.

Es una realidad demostrada. Las ayudas masivas en desastres naturales llegan mientras los medios nos muestran lo sucedido y sus consecuencias. Acaban cuando dejamos de verlo en el telediario. Las protestas enérgicas se producen cuando la televisión nos muestra a la anciana de 90 años que va a ser desahuciada. Si no la muestran, no hay protesta, o al menos no multitudinarias. El mundo, comprendió el horror que se sufrió en la Alemania nazi cuando salieron las imágenes de los campos de concentración. Hasta entonces, nadie sabía lo que estaba pasando. Si una ONG hace una campaña mostrando niños en los huesos o muriendo por no tener vacunas, las donaciones se disparan. Si no, ni nos acordamos.

No, no me gusta ver imágenes de niños muertos en una playa, ni de bebés famélicos comiendo huesos del suelo, ni de pequeños de dos años trabajando en los vertederos. No me gusta. Pero prefiero que me lo muestren, porque así, la próxima vez que vaya a una urna a votar, quizá esas imágenes me ayuden a decidirme.

Y pasar vergüenza, porque lo estamos permitiendo; y pena, porque este mundo lo hemos convertido en una aberración; y angustia, porque así entenderemos un poco a las madres de esos pequeños; y rabia, porque así podremos luchar para que esto cambie de una vez.

Entiendo que a la gente le parezcan un horror estas imágenes, lo son. Entiendo que las comparticiones en las redes sociales nos parezcan excesivas. Entiendo que cerremos los ojos cuando el telediario nos muestra esta masacre. Pero creo que hay que verlo.

Hay que verlo, porque si no lo vemos, lo único que queda es esto…

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Y esto no nos enseña nada, solo nos engaña para dormir más tranquilos.

Sin pelos en la lengua

Minififi habla mucho. Muchísimo. Como su madre, le debe venir de genética.

Entiende todo y no se calla ni debajo del agua. Estamos en ese punto.

Lo bueno de esto, te partes de risa con ella, mantienes conversaciones, te cuenta las cosas que sabe (y las que no, se las inventa).

Lo malo, que lo casca todo. Y claro, eso implica lo bueno y lo malo. TODO. Lo que es verdad y lo que no (eso de que los niños no mienten es bastante discutible).

Va contando por ahí que su papa se tira pedos, que su yaya fuma en la cocina (mi suegra no se ha encendido un cigarro en la vida), que la abuela (mi madre) se come los mocos (¿WTF?), que mi amiga Bebes le enseña palabrotas, que nosequien le pega… vamos que no le queda detalle por contar a la jodía.

El sábado pasado fuimos de rebajas y me compré una chaqueta monísima de Blanco, rayas, neopreno (al 50%), os la recomiendo. Bueno pues a lo que vamos, resulta que la dependienta quitó las dos alarmas de la chaqueta pero por lo visto llevaba no dos, sino tres (oiga, que la chaqueta es muy mona pero así como para tres alarmas tampoco).

¿Qué ocurrió?. Lo obvio, al salir por la puerta, pitamos. Yo tranquilamente volví a pasar a que quitaran la alarma pero Minififi quedó bastante impactada con el tema. Tanto que durante todo el día no decía otra cosa. Tienda que pasábamos, ella preguntaba a voz de grito: MAMMAAAAAA, ¿VAMOS A PITAAAAAR?. Y no una vez, una tras otra. Imaginaos la cara de la gente. Y no solo en las tiendas, bajando por el ascensor el lunes por la mañana con un vecino, la misma: MAMAAAA, ¿¿¿ESTO PITA COMO LA TIENDA???. Y yo ahí sin saber dónde meterme. Vamos, si yo fuera el vecino, pensaría que cuantas veces ha pitado esa madre en las tiendas para que la nena diga esas cosas…

VERGUENZA

El día de la cabalgata de Reyes vio a Baltasar. Bueno, pues a partir de ese momento cualquier persona de raza negra es “un Baltasar”. El otro día en Mercadona: MIRA MAMAAAAA, BALTASAR HACIENDO LA COMPRAAAAAA. Yo, ojiplática. La cajera con un ataque de risa.

Me temo que esto es solo el principio. Espero que no nos pase como a un amigo nuestro, cuya nena los vio discutir y fue contando en la guardería que su papá le pagaba a su mamá y os podéis imaginar la que se lio.

En esto momentos en los que a Minififi le da por dar rienda suelta a su boquita no puedo evitar pensar: Ay mi nena, con lo bonica que estabas callada…

Contadnos, ¿Cuántas veces os han sacado los colores vuestros hijos con sus primeras palabras?

VERGÜENZA

VERGUENZA

Vergüenza por tener que verles la puta cara en televisión

Vergüenza por dejar que nos roben y nos manipulen

Vergüenza por no haber hecho nada antes

Vergüenza por elegirles y creerles

Vergüenza por verles pedir disculpas con cara de gilipollas

Vergüenza por permitir que no se haga nada

Vergüenza por la imagen que estamos dando

Vergüenza por lo que tendremos que contar a nuestro hijos

Vergüenza por saber que esto es la punta del iceberg

Vergüenza por quedarnos esperando a ver quién es el siguiente

Vergüenza porque son todos y no se libra ni uno

Vergüenza por el clasismo y el cinismo

Vergüenza por el acojone que deben tener

Vergüenza por lo que han hecho con este país

NOSOTROS(Desahogo espontáneo)