¡Socorro! A mi hija no le gusta la fruta

Estoy desesperada con este tema. No hay manera de que coma fruta, solo le gusta una: los plátanos. Y no es precisamente la que mejor le viene para ir al baño. Y de vez en cuando, zumos de naranja, pero que no lleven “trocitos”. Y eso, tan colado, al final es fruta, pero poco.

Cuando era un bebe, se comía unos tazones de fruta triturada enormes, le encantaban. Pero ya no hay manera.

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Hemos probado de todas las formas:

Con premio: “Si comes fruta, tendrás una sorpresa”. Y nada.

Con psicología: “La fruta es necesaria para crecer. Tienes que tomar fruta para hacerte mayor y blablablá”. Nada

Con la presentación: de mil formas, maneras, entera, a trocitos, con caritas. No funciona.

Con chantaje fisiologicos: “Si no comes fruta no vas a poder ir bien al baño”. Esto funciona, pero solo cuando pasa de verdad. Entonces sí que se acuerda de la fruta, pero vamos, hasta que lo consigue.

Por decreto ley: obligándola vamos. Y claro, se la come, pero le dan arcadas y solo conseguimos que tome unos trozos pequeños. Hasta se esconde para que no veamos la cara que pone.

Y yo ya no sé qué más hacer. Necesito vuestra ayuda. ¿A alguien le pasa esto y ha dado con una solución? ¿Sabéis algún truco que funcione?

Si tú me dices ven, lo dejo todo

O eso al menos es lo que pretende mi hija que haga.

He leído en varios sitios que a los niños hay que hacerles caso siempre, que cuando nos llaman y hablan es por algo, etc, etc,. Pues señores, ya os digo yo, que mi hija muchas, pero que muchísimas veces, me llama por llamarme. Hay veces que me llama y luego no sabe ni lo que quería decirme.

No sé qué es peor, si el que sientan que no les hacemos caso, o el que no aprendan a tener paciencia.

Si estoy hablando por teléfono, no pasa ni un minuto sin que venga a llamarme para cualquier cosa. Lo mismo pasa si estoy manteniendo una conversación en persona con alguien. ¡Me da una rabia!

Y además no le vale un “espera un momento”, o “ahora mismo voy en cuanto termine de hacer esto”. Ella insiste e insiste, usa la técnica de la ametralladora y en la mayoría de los casos, se sale con la suya.

Yo le he explicado mil veces que se tiene que esperar, igual que yo me espero cuando ella está haciendo algo. Pero no siempre funciona.

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Este post es una petición de auxilio. ¿Sabéis cómo trabajar el tema de la paciencia? ¿Algún truco que funcione?

Acepto todas las sugerencias.

Un llamamiento a la sociedad

No se si a vosotras os habrá pasado alguna vez pero a mi si, y la ultima vez este fin de semana y la verdad, que me cabreé mucho por la situación.

Es de lo más común que a un niño se le caiga un zapato del cochecito, una niña pierda su chaqueta y un niño su peluche favorito.

A mi hay cosas que me superan, y es que las cosas de bebe/niños tienen un imán para las personas. Porque si tu ves un zapato del nº 41 en mitad de la calle no se te ocurriría ni tocarlo, en cambio ves un zapatito del numero 16 y faltan manos para cogerlo. ¿Porqué? Pues no tiene ninguna evidencia científica pero así es, somos así de idiotas. Ya me diréis a mi que van hacer con un zapato y encima de bebe, con lo cual, aunque tengas bebe no te sirven (se necesitan dos).

Por favor, si os encontráis algo dejadlo en el mismo sitio donde lo habéis encontrado, encima de un banco, encima de un poyete, apoyado en una ventana, etc… Os aseguro que la madre hará el mismo recorrido sin fe ninguna de encontrarlo, pero lo hará. Y ya no son solo los zapatos, son chaquetas, juguetes, peluches, etc… Tú, puedes pensar en lo contento que se va a poner tu hijo cuando vea lo que te has encontrado, pero falta empatía de ponerse en el lugar del niño que lo ha perdido, igual es con el único muñeco con el que duerme o el único peluche que tienen de un ser querido, o el regalo de sus mejor amigo, o el único regalo de reyes y con mucho esfuerzo…

De verdad, no creo que cueste tanto encontrar algo en el suelo e intentar hacerlo lo más visible posible, en vez de llevárnoslo o dejar que nuestro hijo lo utilice a modo de pelota…

¿Porqué os cuento esto?. El pasado fin de semana bajamos al pueblo a dar un paseo, Minijiji llevaba su chaqueta, jugando, corriendo y saltando. Al llegar a la plaza nos dimos cuenta de que la chaqueta no estaba (pánico total, chaqueta nueva y solo dos usos…)

Así que le dije a mi querido esposo que se quedara con la niña, que volvía a hacer el camino de vuelta sin ninguna intención de encontrarla, pero la esperanza ahí estaba…

Pase por la zona más comercial de mi ciudad y pensé, no creo que la hayan dejado en alguna tienda, pero… ¿y si lo han hecho? ¿tengo que preguntar tienda a tienda si han visto la chaqueta de mi hija? Desistí de esa idea y seguí caminando, y cada vez mi esperanza era más pequeña. Me paré a preguntar a una madres que justo subían la calle por donde yo tenia que pasar y me dijeron que no habían visto nada, ¡Mi gozo en un pozo!

A lo lejos veo a una señora que recoge algo del suelo rosa lo mira y lo pone en su cochecito, me faltaron piernas… justo entraron en una tienda, así que la tenia localizada. Corrí y le pregunte si había visto una cazadora (era consciente que sabía que la había visto recogerla del suelo). Para mi sorpresa, me dice que si que la tiene, que la había cogido por si alguien le preguntaba, señora, ¡las chaquetas no llevan un GPS!, y lo que más coraje me dio, es que la llevaba justo debajo de la suya, ¿crees que si me hubiera cruzado con ella la habría visto? ¡Una mierda!

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Marififi me contaba que en Navidad, Minififi se dejó su perrito Chichi Love, recién regalado de reyes, en el cochecito del descasillo de los ascensores de El Corte Inglés. No pasaron ni diez minutos hasta que se dio cuenta y fue a buscarlo. Y nada de nada. Preguntó en objetos perdidos y a medio personal del centro comercial. Nada. ¿Qué clase de persona encuentra un juguete en esas fechas y no lo devuelve?. ¿Qué clase de gente no piensa en el berrinche que se va a llevar ese niño pequeño? Pues sí señores, haberlas, hailas…

Si a los niños les enseñamos que las cosas del suelo no se tocan, ¿por qué no hacemos nosotros lo mismo?

Ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos…

No me gustan los follones, ni las trifulcas ni las peleas. Quién me conoce lo sabe. Nunca me han gustado. Y últimamente, no sé por qué, veo muchas a mí alrededor.

Veo y leo conflictosmovidas en las redes, en el parque, en el trabajo, y de verdad que no entiendo a la gente que adora estar metida en estas cosas.

A mí me agobian, me hacen sufrir y me ponen de muy mala leche. Pero hay peña por ahí a la que le encanta la polémica y estar metida en todos los “fregaos”.

Os juro que no llego a comprenderlo, con lo mal que lo paso yo. Seguramente por este motivo peco de diplomática, puede ser, pero prefiero ser así, y no entrar al trapo en estas cosas, gilipolleces tonterías la mayoría de las veces,  a tener el papel de “matona”, o la necesidad constante de estar haciendo daño a alguien.

Soy de las que creo que para todas las historias hay dos versiones, de las que pienso que ni los buenos son tan buenos ni los malos son tan malos, de las que están convencidas de que no se puede ir a mirar el polvo de la vecina sin asegurarse de que tener la casa muy limpia, y sé que no debo opinar del camino de otro sin haber andado antes con sus zapatos. 

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Sinceramente, espero que mi hija sea también así. Que no se vea metida en líos. Que sepa defenderse sin atacar. Que no le pille el gustillo a la crueldad gratuita ni al critiqueo constante. 

Y además quiero que tenga personalidad propia, que no se deje llevar por la gente, que no entre en conflictos por seguir el aire de nadie y que sea capaz de plantar cara y no tolerar las injusticias, por mucho que todo el mundo lo haga.

La vida da muchas vueltas y es muy caprichosa. Y nunca se sabe cómo, dónde y con quien vamos a acabar. Que esa madre del parque con la que peleas, mañana puede ser la suegra de tu hija o la madre de su mejor amiga. Y ese compañero del curro al que tanto criticas, el que te salve el culo algún día. Y esa bloguera que tanto te chirría ahora, compañera de algún proyecto espectacular en el futuro.

Creo que si todos tuviéramos un poco más de mano izquierda y un poco menos de malicia, el mundo sería muchísimo mejor.

Hala, hoy tocaba desahogo espontáneo. Mil gracias por leerme.

Muchos besitos,

Marififi

Si los hombres se quedaran embarazados…

Seguro que todas lo habéis pensado o comentado alguna vez. ¿Qué pasaría si los hombres se quedaran embarazados?. Es decir, si los hombres tuvieran que sufrir en sus propias carnes el embarazo, el parto y la lactancia, ¿cómo lo llevarían?.

Esto es lo que yo creo que pasaría (basándome claro está en los hombres que tengo cerca):

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  • Baja desde el primer mes. A la primera nausea, directos al médico a pedir la baja.
  • Medicación en vena para los ardores.
  • Tendrían antojos a todas horas.
  • Sedentarismo, o lo que viene a ser no moverse del sofá en cuanto la barriga les empezara a pesar un poco.
  • Urgencias estaría llena de “embarazados” con contracciones de Braxton-Hills.
  • En las clases de preparación al parto se repartirían ansiolíticos.

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  • A la primera contracción leve, saldrían pitando al hospital.
  • A la primera contracción de las que pican, pedirían la eutanasia.
  • Pérdida de conocimiento en cuanto llegaran a la sala de dilatación.
  • O directamente: Anestesia general desde la primera visita a monitores hasta una semana después del nacimiento de la criatura, en cuanto se enteraran de lo que es una episiotomía o una cesárea.

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  • Directamente, ya no existiría.

Aunque realmente lo que creo es que, si los hombres fueran los embarazados, ya se habrían inventado los embarazos fuera del cuerpo, partos sin ningún tipo de dolor, tratamientos eficaces para todos los síntomas y por supuesto, TODOS LOS HIJOS SERÍAN HIJOS ÚNICOS.

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P.D: Para los lectores hombres, quiero decir que este post está hecho con humor y desde mi cariño más profundo al género masculino (y mi respeto por su alta sensibilidad al dolor y al sufrimiento), jajajaja.

Estamos en guerra

Y no es una frase hecha, estamos en guerra de verdad. No en una, en muchas, en todas y por todo.

Guerras de opinión que cada vez se radicalizan más, que cada vez generan más violencia.

Guerra de religion, y no solo en los paises arabes, también en la frutería de debajo de tu casa.

Guerra de género, hombre contra mujer, que genera violaciones, vejaciones, asesinatos.

Guerra de ideas políticas, que dejan de ser ideas cuando quedan a apalearse en un parque.

Guerra de inclinaciones sexuales, como si nos importara mucho lo que cada uno hace con su vida y debajo de sus sabanas.

Guerra de razas, sin darnos cuenta de que llevamos miles de años matándonos por algo tan absurdo como un color de piel.

Guerra de opiniones, como en la crianza, que acaba con discusiones sinfin y una descabellada violencia verbal que nuestros hijos maman.

Guerra de territorios, de banderas, que, sin información por ninguna de las partes, fomentan el odio entre gente que no se ha visto en la vida.

Guerra de poder, de supremacia, que empieza en los colegios y hace que un menor acabe quitándose la vida cuando la acaba de empezar.

Guerra de radicalismos, que nos llevan a ser capaces de odiar y ningunear a las personas que un día pueden salvarte la vida.

Guerra de hipocresía, en la que lloramos por un niño que sangra en la tv, mientras rezamos porque sus padres no vengan a “invadirnos”.

Guerra por todo, por absolutamente todo.

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No se a vosotros, pero a mí me acojona , y mucho. Y no tanto por mí como por el futuro que le espera a mi hija.

Tengo la sensación de que la vamos a liar, y entonces, ya dará igual la educación que les demos, a qué partido voten, con quién se acuesten, de que color sean.

Como se líe, nos vamos a tragar una a una todas las opiniones y radicalidades, y ya no habrá vuelta atrás.

Espero equivocarme…

Hagas lo que hagas, ¡siempre estará mal!

Si no das teta o das poco tiempo, mal, no te preocupa la salud de tu hijo.

Si das teta demasiado tiempo, mal también, eres una vaca lechera

Si lo tienes siempre en brazos, mal, lo vas a mal acostumbrar

Si lo dejas en la cuna, mal también, no tienes apego

Si lo metes en tu cama, mal, eres una radical

Si lo llevas a su habitación, mal también, eres una despegada

Si sales para despejarte de la crianza, mal, prefieres salir que estar con tu hijo

Si no sales porque estás criando, mal también, hay que salir para despejarse

Si trabajas fuera, mal, eres una mala madre

Si decides no trabajar fuera, mal también, eres poco productiva

Si no le das de comer sano, mal, te da todo igual

Si le das de comer demasiado sano, mal también, eres una hippie

Si te preocupas demasiado, mal, eres una histérica

Si no te preocupas tanto, mal también, eres una pasota

Si lo llevas al cole público del barrio, mal, tu hijo no va a ser bilingüe

Si lo llevas al mejor cole de pago, mal también, eres una elitista

Si le dejas ver la tablet, mal, eres una despreocupada

Si no le dejas ver la tablet, mal también, eres un sargento

Si le riñes, mal, hay que dialogar

Si no le riñes, mal también, hay que poner límites

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Visto lo visto, hagas lo hagas, a alguien le va a parecer mal, así que…

¡Hagamos lo que nos salga del pijo! (Uy, ¿¿¿he dicho pijo??? ¡Mal!)